Las graves secuelas que deja zarandear a tu bebé

Ya sea por juego o como medida de reprensión, esta práctica afecta seriamente el cerebro del niño.

zarandear a un bebé

Pocos padres saben que esta es una práctica peligrosa, catalogada inclusive como una forma de maltrato infantil.

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Por: Lizeth Salamanca Galvis
febrero 16 de 2018 , 06:46 p.m.

¿Te has encontrado en la situación que, para calmar a tu bebé ante un llanto inconsolable, terminas zarandeándolo o realizando con él fuertes movimientos mientras lo cargas en tus brazos?

Muchos padres y cuidadores piensan que está es una forma de consolarlo. Otros creen que el bebé lo disfruta y algunos simplemente se impacientan y se dejan llevar por el nerviosismo. Lo que pocos saben es que es una práctica peligrosa, catalogada inclusive como una forma de maltrato infantil y que puede ocasionar graves lesiones cerebrales internas que se conocen como “Síndrome de bebé sacudido” o Trauma Craneal No Accidental (TCNA).

De acuerdo con la Academia Americana de Pediatría, este fenómeno se presenta con más frecuencia en niños menores de seis meses aunque su incidencia alcanza también a niños de hasta 5 años.
“Normalmente, las sacudidas suceden cuando alguien se frustra con un bebé o un niño pequeño. A menudo, la persona que da las sacudidas está cansado de los lloriqueos o lo hace como mecanismo de reprimenda ante un mal comportamiento. Sin embargo, a muchos adultos también les gusta lanzar a los niños al aire y piensan equivocadamente que la respuesta excitada y ansiosa del niño es de placer. Lanzar a los niños al aire, aunque sea suavemente, puede causarles daños internos y graves problemas en el futuro”, advierte un reciente informe del California Childcare Health Program (CCHP) titulado ‘¡Nunca sacuda a un bebé!’.

Pero, ¿por qué es tan nocivo zarandear a un bebé? ¿qué es lo que ocurre con su cerebro?

niño lanzado al aire

A muchos adultos también les gusta lanzar a los niños al aire y piensan equivocadamente que la respuesta excitada y ansiosa del niño es de placer.

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Resulta que los bebés y los niños pequeños tienen los músculos del cuello demasiado débiles para controlar el peso de la cabeza. Si se les sacude, la cabeza se zarandea rápidamente hacia adelante y hacia atrás y esto hace que la masa encefálica se golpee contra la pared del cráneo y que sufra contusiones entre las que se destacan hemorragias intracraneales y las lesiones oculares.

Como consecuencia, se produce un daño cerebral que conduce a un deterioro mental de intensidad variable, llegando en ocasiones a provocar secuelas muy importantes en el sistema nervioso central e incluso, la muerte. “Es la causa más frecuente de traumatismos craneoencefálicos graves en el lactante, antes del año de edad”, afirma Miguel Rufo Campos, profesor asociado de pediatría de la Universidad de Sevilla y jefe de neurología infantil del Hospital Infantil de esa ciudad.

A su vez, diversas investigaciones han concluido que las sacudidas pueden llevar a la pérdida de la visión o de la audición de manera parcial o total, problemas de aprendizaje, retraso mental, parálisis cerebral, epilepsia y dificultades del habla.

“Es posible que el daño causado por los zarandeos no se note durante años. Los primeros síntomas podrían aparecer cuando el niño empiece a ir a la escuela y no pueda seguir el mismo ritmo que sus compañeros”, aseguran los expertos del CCHP.

Pueden llevar a la pérdida de la visión o de la audición de manera parcial o total, problemas de aprendizaje, retraso mental, parálisis cerebral, epilepsia y dificultades del habla.

Señales y síntomas

De acuerdo con algunos expertos, si bien el ‘Síndrome de bebé sacudido’ se caracteriza por la presencia de hemorragia intracraneal y retiniana, edema cerebral y posibles fracturas óseas ocultas, que no revelan signos externos o que son casi imperceptibles, sí hay signos de alarma que pueden indicar que está padeciendo una presión cerebral como consecuencia de un zarandeo. Estas son:

  1. Irritabilidad extrema

  2. Convulsiones

  3. Vómitos

  4. Pérdida del apetito

  5. Letargo (se observa como cansancio extremo, falta de movimiento, inhabilidad para mantenerse despierto)

  6. Problemas respiratorios
  7. Alteraciones físicas y neurológicas (contusiones, temblores, desmayos y estados de inconsciencia, etc.)
Claves para evitarlo

Los padres y cuidadores como las abuelas y las niñeras pueden sentir agotamiento y enfado cuando un bebé llora sin parar. Algunos lo hacen porque tienen hambre, están mojados, cansados o simplemente quieren compañía. Así que si tu pequeño llora mucho, prueba lo siguiente:

  1.  Asegúrate de que todas sus necesidades básicas se hayan satisfecho.

  2.  Da de comer despacio al bebé y hazle eructar a menudo para que libere gases y no sufra cólicos.
  3. Toma al bebé en tus brazos, ponlo contra tu pecho, acúnalo y camina despacio con él.
  4. Nunca lances a tu bebé al aire ni le hagas juegos como “el avioncito” donde lo expongas a movimientos bruscos de su cabeza.

  5. Cántale o ponle música suave.

  6. Prueba dar una vuelta con el bebé en el carro o un paseo en su coche.
  7. Ten paciencia. Si no puedes cuidar del bebé con calma o si tienes problemas controlando tu enojo, tómate un descanso. Pídele a otra persona que cuide del bebé mientras logras calmarte.

  8. Llévalo al médico si continua llorando.