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Las palmadas son una forma de abuso

Aunque el abuso físico y las palmadas son acciones diferentes, un estudio con más de 160 mil niños, comprueba efectos negativos en su salud y comportamiento.

/ 15 de Julio de 2016
Las palmadas son una forma de abuso        
   
                           
     
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Entre más nalgadas reciban los niños, más propensos son a experimentar comportamientos antisociales que se pueden manifestar en agresiones, problemas mentales y dificultades cognitivas. Así lo determinó un estudio de la Universidad de Texas, en Austin y la Universidad de Michigan, ambas en Estados Unidos, el cual duró 50 años de trabajo, tiempo a lo largo del cual, participaron 160.000 niños.

La investigación sostiene que si bien las nalgadas y el abuso físico son considerados comportamientos completamente distintos, los autores del trabajo exponen que este tipo de castigo tiene efectos similares a los que produce el abuso en los niños, solo que en menores niveles. Además, los pequeños que alguna vez recibieron nalgadas son más propensos a convertirse en adultos que repitan este comportamiento en sus propios hijos.

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Igualmente, Elizabeth Gershoff, líder del estudio y profesora asociada de Desarrollo humano y ciencias de la familia de la Universidad de Texas y Andrew Grogan-Kaylor, coautor y profesor asociado de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Michigan,indican que a parte de desarrollar efectos negativos en la salud de los niños, las nalgadas no aseguran el cumplimiento inmediato o a largo plazo de las órdenes que los padres esperan que sus hijos cumplan y, por el contrario, estas podrían logran que los niños se comporten aún peor o que tomen una posición de rebeldía.

La investigación que ya fue publicada en la revista Journal of Family Psychology tomó cinco décadas de análisis y los estudiosos, la consideran la revisión más completa que hasta la fecha se ha hecho del tema para determinar los efectos de las nalgadas en los menores.

Sin violar derechos

En Colombia, el doctor Darío Botero, pediatra puericultor, afirma que la práctica debe erradicarse en la crianza: “las agresiones de los adultos (palmadas, gritos, amenazas, pellizcos, etc.) no son las herramientas adecuadas para acompañar al niño en el proceso de aprendizaje de la vida, estos son instrumentos que refuerzan negativamente la situación y van minando la relación del niño con su entorno”. A lo que añade que la agresión por parte del adulto podría generar remordimiento o temor, pero no aprendizaje de lo que se desea inculcar.

La psicóloga Sandra Estrada, de la Universidad Santo Tomás, complementa la posición de Botero, al proponer que las nalgadas son una manera de violar los derechos de los menores, “¿qué diferencia hay en que un papá le pegue a un niño porque se portó mal y en que un esposo le pegue a su mujer porque no le gustó algo? Si es de adulto a adulto es violencia familiar, pero si es de adulto a niño ¿no lo es?”.

Diana Villanueva, psicóloga de la Universidad Javeriana, explica que frente a lo desafiante que resulte la crianza en algún momento, la idea es agotar todos los recursos, diferentes a la agresión, estrategias o técnicas, para calmar la rabieta del niño y evitar cualquier tipo de agresión contra el menor.

Así mismo, el doctor Botero añade que los padres a veces sobre exigen a sus hijos más allá de su edad y el momento del desarrollo en el que se encuentren. Por ejemplo, “si invitas a tu jefe a casa y derrama una copa de vino sobre la mesa, todos salen en su auxilio, le dicen que no ha pasado nada y le ayudan a limpiarse, pero si el niño riega el jugo, le recriminan y le dicen que hizo algo muy malo… Acá vemos como los adultos exageran en lo que esperan de los pequeños.

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Edúcalos sin violencia

El pediatra Darío Botero pide a los padres entender que la rabieta y otros comportamientos hacen parte del crecimiento del niño durante la conquista de una de las primeras metas del desarrollo: la autonomía. Se presenta entre los 15 meses hasta los 3 o 4 años, en promedio, y lo hace mediante un lenguaje alegórico en el cual el niño declara frustración, inconformidad y enfado contra el mundo del adulto el cual está conociendo.

Por esta razón, invita a los padres a no ver a sus hijos como un “adulto miniatura”, sino a dejar que el niño exprese su malestar, cuidando que no se lastime a sí mismo o a los demás. Recomienda, entonces, esperar a que la tensión pase, contenerlo con serenidad, y después, explicarle su malestar ante la situación.

Para ello pueden utilizar cuentos, muñecos y ser gráfico en la situación, un muñeco tirándose al suelo y otro acompañándolo con tranquilidad. Al no encontrar una respuesta agresiva, hará que el niño entienda que no es la forma de actuar. La repetición de una norma hace que la regla se instaure.

Por otro lado, si el adulto a cargo refuerza la situación y le compra un helado al niño para que se calme, lo está haciendo mal. Lo mismo si lo hace negativamente y lo agrede con palmadas, pellizcos y amenazas. Para el pediatra “los adultos el entender, el saber, la serenidad y el amor” son las herramientas para manejar la situación de manera adecuada.

Para finalizar, Sandra Estrada propone implementar el ‘Time out’, que consiste en asignar al niño un espacio donde se tome un tiempo fuera de la dinámica familiar y entienda que actuó mal. La psicóloga recomienda no implementar espacios como la cuna, el corral o el cuarto para implementar el castigo, lo ideal sería usar un área fuera del entorno de juego y de descanso del pequeño.

 

 

 

 

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