Antes del embarazo

Aspectos vitales a la hora de llamar a 'la cigûeña'

Tomada por: Archivo particular

/ 30 de Diciembre de 2013
Aspectos vitales a la hora de llamar a 'la cigûeña'        
   
                           
     
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Por la edad, por los años de noviazgo o matrimonio compartidos, por presión social, porque los padres y los suegros lo reclaman, por tratar de ‘salvar’ una relación que parece llegar a su fin, por deseo propio o incluso por accidente, entre otras razones, nace cada minuto un bebé en Colombia. La cifra hace parte de las estadísticas de uno de los más recientes informes del Dane en el que, además, se reveló que en la actualidad las mujeres del país quieren ser madres entre los 20 y 24 años de edad.

Rubén Reyes Avendaño, psicólogo experto en solución de conflictos de pareja e integración familiar, manifiesta que más allá de las cifras de natalidad se deben analizar con lupa  las razones por las que las parejas se embarazan. “Si todos los padres dimensionaran el impacto que tiene un hijo, no solo en sus vidas sino en la de  sus familias y en la sociedad, seguramente habría menos gestaciones no
deseadas y más hogares estables, afectuosos y felices”.

Según María Fernanda Medina Cuenca, especialista en psicología clínica de la infancia y la adolescencia, la planeación de un hijo no solo debe considerar aspectos como el amor por la pareja, el deseo de convertirse en padres, la solidez económica, el óptimo estado de salud, tanto de la mujer como del hombre, y una red de apoyo que pueda ‘relevarlos’ cuando sea necesario, también es vital hacer una autoevaluación con el cónyuge para determinar si es o no el momento de ‘llamar a la cigüeña’.

Algunos de los cuestionamientos que deben responderse con sinceridad y en compañía de la pareja, son: ¿Por qué y para qué quieren tener hijos? ¿El deseo es mutuo? ¿Se encuentran en un óptimo estado de salud para la concepción? ¿Su relación es lo suficientemente madura y estable? ¿Cuentan con un trabajo que les permita cubrir las necesidades básicas de todos los integrantes del hogar? ¿Disponen de tiempo suficiente para dedicarle a su hijo? ¿Están dispuestos a asumir las privaciones, obligaciones, esfuerzos y responsabilidades que el niño implica? ¿Tiene familiares, amigos, empleados para conformar una red de apoyo? ¿Están ambos de acuerdo en la forma en la que educarán y formarán a ese ser? ¿Han alcanzado la mayoría de las metas profesionales? 

Si existen dudas o desacuerdos, lo mejor será acudir a los consejos y la asesoría de un experto, quien podrá guiarlos para dar respuestas a estas preguntas y facilitará los consensos entre las dos partes, si existen diferencias.

Así las cosas, en estos tiempos un hijo no debería ser un accidente, debe ser producto de una decisión respaldada por un análisis objetivo entre ambas partes, una determinación consciente y aprobada por los dos pues, al fin de cuentas, el bebé no está pidiendo venir al mundo, son los padres los que tienen la potestad de elegir por él.

La naturaleza llama

Es común escuchar que no existe una etapa perfecta para la maternidad y la paternidad, como tampoco una fórmula que permita tener todo bajo control y garantizar el ‘felices para siempre’. Sin embargo, la psicoanalista Astrid Porras Nieto comenta que, en la medida en que la pareja logre dar respuesta a las inquietudes que se han mencionado y busque ayuda, estarán preparándose para asumir uno de los roles más importantes en la vida; asimismo, adecuando un entorno más seguro y apropiado para satisfacer las exigencias del bebé y expectativas de los padres.

El momento ideal, entonces, es cuando se sientan mejor preparados para responder las preguntas de ese ‘examen’, es entender que si bien el costo que representa un hijo es altísimo, no se necesita tener todo el dinero. Como cuando se piensa en comprar una casa, basta con una cuota inicial que está sujeta a las capacidades financieras para poder comprarla y, por supuesto, tener una seguridad laboral que les permita pagar las cuotas restantes”, afirma Miguel Avilés, especialista en psicología clínica.

En cuanto a la salud, lo mejor será obtener el visto bueno de un médico antes de concebir y tener en cuenta que, según las últimas investigaciones, biológicamente el cuerpo de la mujer está mejor preparado para el embarazo entre los 25 y 34 años de edad.

En consecuencia, esa ‘fortuna’ que muchas personas esperan tener antes de procrear hijos no está dada solamente por el dinero, también por el afecto, el tiempo, el esmero, la salud y la disposición con la que se cuente para aceptar y asumir nuevas prioridades, responsabilidades y necesidades. 

 

 

                     

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