0 a 6 meses

Los padres son los responsables de crear buenos hábitos de sueño

Los recién nacidos no distinguen entre el día y la noche.

/ 16 de Mayo de 2012
Los padres son los responsables de crear buenos hábitos de sueño        
   
                           
     
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Según la pediatra estadounidense Jodi Mindell, en las primeras seis a ocho semanas de vida el bebé duerme de forma desordenada, y solo se logra establecer un horario a los tres meses de vida.
Eduard Estivill, pediatra experto en neurofisiología clínica e inventor del Método Estivill, asegura que la regulación del sueño depende de la madurez del cerebro y del organismo, y que los hábitos y los rituales les permitirán a los bebés conseguir conductas de sueño.
La mayoría consigue la madurez del sueño a los seis meses. Élida Dueñas, neumóloga infantil especialista en sueño, indica que el del recién nacido responde a ritmos cortos, y que a los seis meses de edad el reloj biológico empieza a madurar. Esto explica por qué un bebé menor de esa edad difícilmente podrá dormir la noche entera.
”Los bebés no distinguen el día de la noche, y cada 3 o 4 horas se despiertan, comen y vuelven a dormir. Poco a poco evolucionan hasta llegar al ritmo de día-noche. Por esto se despiertan periódicamente”, añade la experta Dueñas.
“Entre los 6 y los 12 meses deben pasar de largo; si no lo hacen, cualquier alteración en su sueño no es del infante sino de sus padres, al no ser capaces de establecer rutinas y rituales”, dice Marco Aurelio Venegas, neurólogo especialista en trastorno del sueño. Si el bebé llega al año de edad y no ha tenido ninguna rutina de sueño y, por tanto, despierta a sus padres, esto amerita una consulta con el especialista.
Todas las explicaciones de estos expertos indican que el bebé no nace con hábitos de sueño; entonces, ¿qué hacer? Los expertos recomiendan establecer una rutina para acostarse.  
A partir de los tres meses de edad, los padres pueden crearla de la siguiente manera: baño al bebé con agua tibia, masaje, alimentación y actividades tranquilas, como cantarle o leerle un cuento, ojalá con luces tenues. Debe acostarse al pequeño semidormido, en el sitio dispuesto para su descanso. Un estudio dirigido por la pediatra estadounidense Jodi Mindell demostró que este tipo de rutina mejora el sueño del bebé.
María Constanza Lozano, sicóloga especialista en terapia de familia de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, sugiere:  
• El cuarto del niño debe ser oscuro, o con muy poca luz.
• El pequeño debe tener una rutina de horario estricto para ir a la cama.
• La hora de levantarse debe ser siempre establecida.
• Los niños nunca deben ir a la cama con hambre.
• Prohibido dar excesivo líquido antes de acostarlo, ya que puede producir sobredistensión de la vejiga y, por ende, interrumpir el sueño.
• Debe evitarse el juego y, mejor, dedicar tiempo a leer un cuento antes de ir a la cama, o cantarles.
•Cuando el niño se despierte a medianoche, lo primero que debe hacerse es verificar la causa y atender su necesidad: hambre, frío o pañal sucio. Después, consentirlo, regresarlo a su habitación y que concilie el sueño nuevamente. Si el inconveniente persiste, usted debe consultar a un experto.
Importancia del sueño
Según Élida Dueñas, el sueño es un proceso estrechamente relacionado con las funciones superiores del cerebro: contribuye a la maduración de este en las primeras etapas del desarrollo, favorece el aprendizaje, pues participa en el procesamiento de la información, facilita la consolidación de la memoria y, por tanto, la adaptación de la conducta al ambiente.
La neuropediatra Olga Lucía Casasbuenas afirma que el sueño es importante para el niño, además, porque le permite descansar para que al despertar esté más activo, animado y, con el paso de los días y según la edad, desarrolle más fácil y mejor sus habilidades físicas y motrices.
Édgar Osuna, neurólogo especialista en Medicina del sueño y director de la Clínica de Sueño de la Fundación Santafe, señala que el sueño entre las 12 de la noche y las 4 de la mañana es crucial en los pequeños, porque a esa hora se libera la hormona de crecimiento, y del cumplimiento de esas horas de sueño depende el 50 por ciento del crecimiento y el desarrollo general de los bebés.
Por tanto, según Álvaro Izquierdo, neurólogo pediatra, hay varios trastornos que pueden desarrollarse si el problema del mal dormir del niño no se ataca a fondo. “El principal de ellos es que el aprendizaje se ve afectado, ya que, por no dormir lo que se debe o se necesita, el niño no fija conocimientos en su memoria. Como también se verá afectado su crecimiento”, afirma el especialista Izquierdo.
Igualmente se puede comprometer su sistema endocrino, anota William Rojas, otro médico experto en esta materia. “A la madrugada -explica- se produce el pico normal del cortisol, la hormona del estrés y controladora del metabolismo. Así que cuando el niño no duerme a esas horas, se verá modificado su metabolismo, tendrá sus defensas bajas y será víctima más fácilmente de infecciones”.
Con esto se podría empezar a ver trastornos del sueño infantil, que desencadenarían otras consecuencias, como mal humor, palidez e incluso obesidad. En caso de malas noches frecuentes se debe buscar asesoría.

 

 

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