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Madres que no logran vínculos tan estrechos con sus hijos

En algunas mujeres, la aceptación de la maternidad requriere tiempo.

/ 28 de Enero de 2008
Madres que no logran vínculos tan estrechos con sus hijos        
   
                           
     
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“Tres días de dolores de parto —que solo fueron posibles porque me encontraba en San José, California, un lugar donde las cesáreas son un procedimiento más bien extraño y poco usual— culminaron con el ansiado nacimiento de Maya, mi hija mayor.

“La pusieron sobre mi pecho y lo primero que me invadió fue una sensación de profunda extrañeza. Ahí estaba, al fin, sobre mí y me parecía un bebé muy grande y despierto y no podía creer que esa hija ‘imaginaria’ ya se hubiera materializado.

“Durante los días siguientes, aparte de lo maltrecha que quedé tras el largo trabajo de parto, la sensación de perplejidad no me abandonó. En las visitas, casi siempre se repetían las mismas preguntas ante cualquier gesto o queja de Maya: ‘¿Tendrá hambre?, ¿tendrá frío?’, y me miraban esperando la respuesta. Yo siempre sentía que no sabía y que no entendía por qué la gente pensaba que yo debería saber.

Claro, yo era la mamá, pero al momento de dar a luz no recibí ningún conocimiento superior y tampoco, y qué difícil confesarlo, sentía que ese bebé que ahora cargaba entre mis brazos era ‘todo para mí’, o que me unía a él ‘el amor más fuerte y único’ o cualquier otra frase que se usa para la ocasión.

“Donde estaba, no tenía ayuda de ningún tipo ni familia cercana; así que los días se me iban en labores domésticas y en intentar descifrar a ese nuevo ser. Qué raro era cuando partían las visitas y nos quedábamos las dos solas y yo la miraba y pensaba en cómo era posible que yo, por alguna razón, estuviera capacitada para criarla o, por lo menos, dizque para entenderla.

“Lo cierto es que Maya tomó agua en la tina mientras la bañaba, la hice sangrar al cortarle las uñas y casi no consigo que el proceso de lactancia se desarrollara con naturalidad. Me dolía la espalda, me sentía cansada y cuando ella lloraba mucho, yo lloraba con ella de impotencia y desesperación. Me sentía culpable la mitad del día y casi incompetente lo que quedaba de él”, recuerda Diana Ospina.

Así como ella, a muchas otras mujeres las invade la misma extrañeza frente al nuevo ser. Sin embargo, y aunque parezca casi imposible, no deben sentirse culpables ni angustiadas, pues según explica la sicoterapeuta Beatriz Uprimny, “esta sensación puede interpretarse como un campanazo o una pequeña alarma que la vida les da a las madres, pues ocurre con muchísima frecuencia, para que ellas mismas se den cuenta de que hay algún aspecto que es necesario revisar a nivel interno”.

En ese sentido, comenta que son cuatro los factores que podrían incidir:

1.Actualmente, la mujer está muy enamorada de su libertad y autonomía, lo cual es, sin duda, un territorio que hemos ganado a pulso. Pero, cuando aparece un personaje que depende completamente de ellas, “es perfectamente normal que por el sinnúmero de cambios en sus rutinas cotidianas, ellas sientan que pueden o están perdiendo su propia identidad”, asegura Uprimny.

2. Hay un cierto glamour en la imagen que rodea a la maternidad, siempre se piensa en la propaganda del bebé gordito, divino, tranquilo, sonriente, pero cuando llega a los brazos la realidad es otra. Hay una mezcla de emociones encontradas, que van por diferentes caminos y que son difíciles de conciliar: amor, expectativa, sueño, cansancio, en fin, a lo que se añaden las alteraciones hormonales recientes.

3.“Madre e hijo no se conocen, apenas comienzan a descubrirse, pero sus campos emocionales son uno, siguen fusionados”, asegura la sicoterapeuta. Es decir, las mamás sienten las emociones del bebé y los pequeños se apropian de las vivencias de sus madres. “Eso quiere decir que el bebé es, de una forma u otra, espejo de una cantidad de aspectos que ella no ha revisado o resuelto con respecto al hecho mismo de ser madre–agrega Uprimny–.

Por eso, cuando me cuentan que el bebé pasó toda la noche llorando e incómodo, yo les pregunto: ‘¿Y qué te estaba pasando a ti? El hecho de que sientan ajeno al bebé significa que se sienten ajenas a ellas, porque no se han conectado consigo mismas ni con el bebé. No entienden lo que está pasando afuera porque no ha habido una conexión interior. El primer parto que uno debe tener es el de uno mismo, y si la mamá, en vez de recriminarse por algo natural que le está sucediendo, se pone alerta ante todos esos cambios, lo que va a hacer es autodescubrirse, gracias a su bebé”.

4.La mujer necesita prepararse para ser madre. En algunas culturas existían personajes que tomaban de la mano a la mamá y la guiaban en el proceso. Eran como iniciadoras de la maternidad, pues en la sabiduría de estos pueblos tenían la conciencia de que ser madre es toda una experiencia práctica e interior, que necesita de un guía que las preparare y les traduzca todos los cambios que se gestan en ellas.

No obstante, esa sensación que experimentó Diana cambió. “El lazo con mis hijas ha sido para mí como el lazo que construimos con el tiempo con aquellos que más amamos. Con mis hijas, sin duda, tengo un lazo más profundo que con las demás personas, pero no surgió simplemente por parirlas; ha sido un proceso de descubrimiento y reconocimiento mutuo.

En algunas cosas nos parecemos; en otras, no, y cada nueva etapa es un extrañarse frente a estas dos niñas que están recorriendo la vida junto a mí. Ya sé muchas respuestas que antes ignoraba, pero cada instante aparecen nuevas preguntas y el amor irracional que dicen se experimenta por un hijo ha sido para mí un proceso de construcción que no ha cesado nunca”.Construyendo el amor

Carolina Alonso, escritora y catedrática de la Universidad Javeriana, de la asignatura 'El discurso amoroso y erótico', asegura: “Uno ama lo que conoce y en el momento del nacimiento, la relación no está lista todavía, sino que se encuentra en un proceso de construcción”.

Es decir, en la medida en que los miembros de la relación afectiva vayan conociéndose y comprendiendo que cada uno tiene su propio carácter y necesidades, ambos irán construyendo el vínculo afectivo de manera personal y particular y, además, crearán una forma de ser en la relación.

En palabras de la escritora, “somos nuevos en cada vínculo afectivo que establecemos, pues nos sitúa en dinámicas que no conocíamos: cambiamos, nos redescubrimos y descubrimos a un nuevo ser que nos afecta, nos conmueve, nos cuestiona; de la misma manera que nosotros generamos esas mismas dinámicas en el otro miembro de la relación”. Además, es necesario tener siempre presente que no hay un periodo determinado y específico para conocer a alguien y menos a un bebé, pues ellos crecen y cambian permanentemente y a toda velocidad.

Así que la mujer va conociendo a su hijo y a sí misma en el rol de madre. Precisamente por eso es que no sabe cómo reaccionar apropiadamente en cada momento, y es en este punto que debe comprender que se encuentra también en “un proceso de amarse y aceptarse a sí misma en esas mutuas afectaciones”, dice Alonso.

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