Comportamiento

Las cámaras son un recurso. No exagere

/ 14 de Enero de 2014
Las cámaras son un recurso. No exagere        
   
                           
     
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 Las cámaras de seguridad han sido un gran aliado para los padres. Algunos han logrado desenmascarar abusos que cuidadores y familiares cometían con sus hijos. Otros, les han salvado la vida, cuando la cámara se activa porque el menor ha dejado de respirar.

Sin duda alguna, los monitores se constituyen en una ayuda tecnológica que, bien utilizada, representa una ganancia en el tema de la seguridad infantil en la casa, guarderías, centros deportivos y sitios de recreación infantil, ya que permiten seguir, de forma física, el quehacer de los niños.

La pediatra Clemencia Mayorga explica que existen varios motivos por los cuales los padres emplean las cámaras. El primero, para revisar el sueño del lactante que, por alguna condición médica o antecedente, corre riesgo y requiere de monitoreo constante.

El segundo caso es para el lactante sano, cuya necesidad de vigilancia nace de los padres o cuidadores, para estar tranquilos sobre su estado. “Más que la posibilidad real de que haya un evento de riesgo, los padres han de entender que el monitor es un buen recurso, pero que ese seguimiento no debe convertirse en una obsesión, para ninguno”, asegura la doctora Mayorga.

Hay una tercera razón para tener cámaras, y es cuando el bebé está bajo el cuidado de familiares o cuidadores, y los padres, por su tranquilidad, las utilizan.
Frente a esto, Germán Soto, pediatra experto en crianza humanizada, indica que si el modelo de confianza y equilibrio entre los niños y sus cuidadores está supeditado a una imagen, quiere decir que, no se confía plenamente en dicho cuidador. Por lo cual, es mejor, por su tranquilidad, cambiarlo.

“Un cuidador puede perturbarse en su autonomía cuando se juzga su trabajo solo por una imagen. Sin embargo, siempre prevalece la seguridad y la protección del bebé”, explica Soto.
 

No abuse de la vigilancia

Según el pediatra Gonzalo Franco, la video vigilancia es controvertida. Para algunos, es una invasión de la privacidad, ética, y una forma de atrapamiento. Otros argumentan su aprobación por la necesidad de proteger al niño.

“Los adultos estamos en la obligación de protegerlos no solo con amor y cariño, sino velando por su seguridad física y emocional. En tal caso, no se irrespeta la privacidad de un niño ni mucho menos del adulto”, indica el experto Franco.

El pediatra Soto va más allá y sugiere que el uso de las cámaras sea solo por monitoreo y no como educación. “La supervisión a través de cámaras debe ser para dar confianza a padres y cuidadores, pero si somos incisivos con el tema, se podría comprometer la creatividad, pues el niño y el cuidador estarán pensando si lo que hacen será molesto para quienes los observan”.

Además, ese exceso podría afectar la condición de apego y los vínculos establecidos entre adultos y niños.
Cuando el control llega hasta los jardines y otros espacios

Por sus actividades, los padres de hoy tienen que llevar sus niños a jardines o guarderías, y en tal caso, las cámaras son útiles para dar a los pequeños tranquilidad física y emocional, durante el tiempo de adaptación. Sin embargo, los pediatras consultados aseguran que antes de ello, los padres deben investigar los jardines, para asegurarse de que su hijo está en una institución segura.

Clemencia Mayorga no piensa que la medida de tener cámaras permanentes sea buena; pues indica que lo más importante es que los padres estén en comunicación permanente con sus hijos; les expliquen, de forma temprana, los riesgos, y los eduquen en medidas de autoprotección.

 

 

 

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