6 a 12 meses

Dormir bien, ayuda a los niños a desarrollar su lenguaje

Este aprendizaje ya se ve en menores de seis a ocho meses

/ 25 de Agosto de 2017
Dormir bien, ayuda a los niños a desarrollar su lenguaje        
   
                           
     
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El sueño es tan importante en los bebés y niños pequeños que se ha llegado a decir que, en ellos, es también un alimento para su desarrollo. Además, el cerebro en los bebés tiene procesos sumamente activos mientras duermen.

Precisamente, uno de esos procesos está directamente ligado con el aprendizaje del lenguaje. Así, un estudio del Instituto Max Plank en Alemania indicó que los bebés, incluso desde sus seis meses de vida, logran distinguir cuándo un sonido es una palabra con significado y cuándo es un ruido sin sentido, y esta construcción se hace durante el sueño.

Hasta el momento, solo se creía que esto podría desarrollarse en niños después de los dos años, pero la investigación, publicada en la revista Current Biology, demostró lo contrario.

El sueño ‘grabador’ indiscutible

De acuerdo con los científicos,la etapa 2 del sueño es determinante para la formación de la memoria. En este momento, el sueño todavía es ligero, pero la actividad cerebral es sumamente amplia y ayuda a definir y grabar conceptos.

“Solo durante el sueño, cuando el cerebro del niño se desconecta del mundo exterior, la mente puede concentrarse y guardar este tipo de relaciones entre palabra y objeto y crear un concepto. De tal manera, esa interacción entre la exploración mientras está despierto y luego dormir para procesar esos conocimientos es que se pueden desarrollar bien las capacidades de los niños”, manifestó Manuela Friedrich, una de las investigadoras.

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Una investigación ingeniosa

Para corroborar su tesis, los científicos inventaron dos palabras, ‘bofel’ y ‘zuzer’, pero a ‘bofel’ le dieron un significado. Cada vez que el científico hablaba de ‘bofel’, le enseñaban un objeto al niño. No todos los ‘bofel’ eran idénticos, pero sí tenían características similares.

“Es como decir 'gato', no todos los gatos son iguales, tienen diferentes colores, tamaños y características, pero comparten muchas. Eso hicimos con los 'bofel', podían diferenciarse en tamaño o color, pero compartían muchas características”, comentó en un comunicado de prensa Angela Friederici, una de las científicas a cargo.

Creamos las palabras y nosotros mismos hicimos los objetos para asegurarnos que no hubiera información o conocimiento previo en los bebés. Si es una palabra que los padres usan mucho, es lógico que sus niños estén más familiarizados con ella que niños cuyos padres no usan tanto esa palabra, por eso creamos las nuestras”, añadió.

Al principio, los niños no reconocían un ‘bofel’ nuevo como un ‘bofel’, les parecía que era un objeto completamente único y diferente, y daba lo mismo cuando oían la escuchaba o se les decía: "zuzer".

En la experiencia, sobre el mediodía, la mitad de los bebés tomó una siesta de entre 30 y 50 minutos y la otra mitad no. Al cabo de una hora, los científicos le mostraron el mismo objeto y les dijeron la palabra ‘bofel’ y ‘zuzer’. 

Quienes sí habían dormido, podían diferenciar cuándo un término era correcto o incorrecto y, si les decían ‘bofel’, volvían a ver al objeto con ese nombre. Los bebés que permanecieron despiertos no pudieron hacerlo.

El aprendizaje del concepto se consolidó con certeza, durante el sueño.

La duración de la siesta también influyó. Después de dormir media hora, los niños ya podían asociar un

estímulo visual (el tener el objeto frente a sus ojos) con el estímulo auditivo (escuchar la palabra). Durante el sueño su cerebro logró filtrar y relacionar esa palabra con ese objeto.

Quienes durmieron por 50 minutos, registraron una reacción cerebral que solo se creía posible en niños mayores y adultos. Se trata del llamado componente N400, que indica que también las palabras que no tenían significado alguno fueron procesadas por el cerebro e identificadas como “no correctas”. De esta forma, cuando un científico tomaba un ‘bofel’ y decía la palabra ‘zuzer’, el menor ya identificaba que eso era incorrecto.

Los científicos indican que seguirán estudiando el tema, pero ya se ha visto cómo el cerebro trabaja de forma muy rápida en estas edades para formar nuevos conocimientos. Todos estos los logros fueron demostrados por la actividad cerebral registrada en una resonancia magnética.

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