6 a 12 meses

El caballo, un buen terapeuta para niños sanos o con discapacidad

La equinoterapia se puede practicar desde los seis meses de edad.

/ 24 de Octubre de 2012
El caballo, un buen terapeuta para niños sanos o con discapacidad        
   
                           
     
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A Hipócrates (460-377 a.C.), el padre de la medicina, se le atribuye la primera anotación sobre los beneficios de la equitación para regenerar la salud del ser humano. Sin embargo, solo hasta 1901 se registró la primera actividad ecuestre ligada a una institución de salud, tras la fundación del primer hospital ortopédico del mundo en África del Sur, cuyo objetivo era atender a los heridos de la Guerra de los Borres y, únicamente después de la Primera Guerra Mundial el caballo empezó a ser empleado en los tratamientos de rehabilitación de los soldados que presentaban secuelas.
En los años cincuenta y sesenta, la equinoterapia tuvo un auténtico auge en Europa, especialmente en Alemania. Desde ese momento, y hasta hoy, esta técnica utiliza al animal como facilitador e instrumento terapéutico y pedagógico, y su objetivo primordial es rehabilitar y habilitar procesos físicos, psicológicos y de aprendizaje, explica María Catalina Gómez, psicóloga especialista en educación y equinoterapeuta certificada.
Los expertos dicen que la marcha del caballo va más allá del impacto de las pisadas del animal en la tierra; esta genera, en promedio, 100 impulsos por minuto que estimulan el sistema nervioso central del ser humano creando una sinapsis (unión de neuronas) para reconstruir procesos del desarrollo, efecto que no se logra con otro tipo de animales: “Esta transmisión de impulsos rítmicos del animal estimula todo el cuerpo y los sistemas óseo, muscular, nervioso y periférico”, explica la psicóloga, que asegura que el  calor corporal del caballo también tiene un valor físico y psicoterapéutico, pues supera los 38 grados centígrados y permite que haya un contacto más directo para la transmisión de todos los estímulos al cinturón pélvico y la médula espinal de la persona.
Para el veterinario y equinoterapeuta de la Clínica Neurorehabilitar, Miguel Ángel Sánchez, con la terapia equina también se trabaja el sistema vestibular (equilibrio) y propioceptivo (percepción de sí mismo) de los pacientes y permite aflojar las articulaciones, músculos y tendones. Gracias a sus beneficios, está indicada para todo tipo de personas sanas y, en especial, para aquellas con algunas discapacidades y enfermedades (ver recuadro).
La terapia se puede practicar con bebés desde los 6 meses de edad, y se divide en tres etapas:

1. En bebés
Se caracteriza por la práctica de la monta gemela, en la que un adulto acompaña al niño sobre el caballo y lo mantiene sobre el animal, en diferentes posiciones: acostado, sentado de medio lado, en posición de gateo y boca abajo, sin abrirle las piernas. Se hace un trabajo paulatino en el que, aparte del estímulo que brinda el caballo, el jinete terapeuta le hace al niño movimientos corporales, masajes y juega con objetos. El estímulo cambia cada 20 minutos. Después, se hace una relajación en tierra con masajes y juegos.
Durante la terapia, dice Gómez, “quien acompaña al bebé debe tener conocimientos clínicos, físicos, psicológicos y del área médica, porque se necesita mucho cuidado y técnica, ya que el niño no se sujeta de nada. Es aconsejable que sean personas que estén inmersas en el mundo de la equitación y que tengan un desarrollo ecuestre”. Los beneficios en esta edad son la atención, la motivación, el movimiento, la concentración, el equilibrio, la percepción de sí mismo, el conocimiento de las partes del cuerpo y la tonicidad muscular.

2. Desde los dos años
Si el niño no ha tenido contacto con el caballo, es usual que no se quiera montar en el animal. Para él, se hace un proceso de acercamiento a la vida equina; se le enseña a darle comida, peinarlo y tocarlo.
Cuando se sienta seguro, tenga conciencia corporal y siga las instrucciones, ya puede montarse en un pony. Antes de la monta se hace un calentamiento para preparar el cuerpo y disminuir la adrenalina. Luego viene el trabajo sobre el pony; cada niño debe estar acompañado de un instructor para manejarlo. La clase se hace a través del canto y la lúdica, dura 40 minutos sobre el caballo y casi 20 en tierra, pues al final también se hacen estiramientos. Los niños adquieren concentración, motivación, seguimiento de instrucciones, trabajo en equipo, respeto por las normas y conciencia corporal.

3. Desde los cinco años
Si el niño llega a esta edad en una academia de equinoterapia, debe pasar por las etapas anteriores para afianzar su conocimiento. Cuando ya maneje el pony por sí solo, puede pasar a la siguiente fase y hacer el trabajo con el ‘caballo a cuerda’, como se llama la técnica, y sin silla. Es decir, después de una serie de estiramientos y calentamientos, el niño se sube al caballo, que es conducido por un adulto desde el suelo, quien guía al animal a través de una cuerda, para que el menor de edad haga un trabajo individual en el que logre mantener y controlar su cuerpo.
A partir de esta etapa, se despliegan dos líneas de trabajo: el vaulting y la vida equina. La primera consiste en hacer acrobacias sobre el caballo para adquirir rendimiento deportivo, elasticidad, relajación y equilibrio. La segunda está más enfocada a entrar a la escuela equina para aprender el deporte.

Para niños especiales                             
La equinoterapia es importante en el tratamiento de disfunciones neuromotoras, como la parálisis cerebral, o en personas que carecen de la facultad de caminar. “El patrón  fisiológico de la marcha humana, que el paciente realiza durante la monta, se graba en el cerebro y con el tiempo se automatiza, lo que posibilita su transferencia a la marcha pedestre”, explica la psicóloga María Catalina Gómez, equinoterapeuta certificada.
En neurología y ortopedia se recomienda para todos los cuadros clínicos cuya sintomatología se refleje en una disfunción locomotora, leve o grave. También está indicada siempre que se quiera conseguir distensión y relajación de las contracciones musculares y estimulación de los músculos débiles, añade la experta.
En este sentido, esta terapia para los niños se aconseja en los siguientes cuadros clínicos: parálisis cerebral, esclerosis múltiple, síndrome de Down, tortícolis, autismo, secuelas de traumatismo craneoencefálico con disfunción motora, síndrome bronquial crónico, asma, disfunción cerebral mínima, hiperactividad, déficit de atención, deficiencias de la coordinación psicomotriz, alteraciones conductuales, problemas de atención, concentración y aprendizaje.
Y alteraciones del lenguaje y psicológicas.

Contraindicaciones:
Nunca hay que realizarla en procesos donde no se debe mover a una persona, si hay inflamación, o en los siguientes cuadros: enfermedad de Scheuermann aguda, displasia y luxación de cadera, espina bífida, enfermedades orgánicas y óseas inflamatorias, epilepsia no controlada, distrofia muscular y hemofilia.

Fotos: Héctor Fabio Zamora
Locación: Piágora y Clínica Neurorehabilitar

 

 

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