Preparativos

La barriga de su embarazo puede plasmarse en un molde de yeso

Plasmar su vientre materno puede ser un recuerdo para usted y para su hijo.

/ 27 de Diciembre de 2011
La barriga de su embarazo puede plasmarse en un molde de yeso        
   
                           
     
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Los nueve meses de gestación son la representación más grande de lo que significa la creación y la vida. Por eso, no solo merece ser exhibida, sino también recordada para siempre con una escultura llena de eso: de amor, de un hijo”.
Así representa Ana María Piedrahíta sus obras de artes gestacionales. Se trata de las esculturas de las barrigas de las mujeres que desean plasmar en un molde de
yeso la forma, posición, color y textura de lo que significó su gestación.
Ana María, médica homeópata de profesión, artista empírica y artesana por convicción, empezó a soñar con estas obras en Viena, en algunos de sus viajes en búsqueda de su gran artista preferido: Gustav Klimt, pintor austriaco representante del movimiento modernista.
Allí, en compañía de dos amigos, se enteró de que en Suiza estas barrigas artísticas eran exitosas. Así que decidió traer la idea a Colombia.
“Amo hacer obras manuales, y aunque no soy mamá, dentro de mí tengo grandes sensaciones maternales que son las que me han incentivado a pintar y a manifestar esos sentimientos”, explica la artista.
De esa manera nació Gesto, la empresa encargada de atesorar la felicidad que sienten las mujeres en su embarazo, por medio de una escultura de su barriga. “Con este arte, vas a poder revivir, disfrutar y
compartir ese momento mágico de tu vida con quien estuvo allá adentro por nueve meses y con tus otros amores”, señala Ana María.
Por eso cada barriga artística resulta diferente de las otras, porque cada mujer vive el embarazo a su manera, con diferentes sensaciones y momentos. Y es allí, en la obra final, cuando los colores y el diseño explicarán esos nueve meses vividos con un ser dentro.

El proceso
En el taller artístico de Ana María hay más de 12 barrigas de diferentes tamaños, texturas y colores. Son las
barrigas de sus primeras clientas, como Johana y Diana Vargas (ver recuadro).
Allí hay pinturas, vinilos, esmaltes, pinceles y cantidades de yeso, elementos con los que crea las panzas artísticas. En ese mismo lugar es donde las mamás viven la experiencia de plasmar su vientre en un yeso.
En un ambiente cálido de relajación con música y velas luminosas, la gestante, que puede ir acompañada de quien desee, desnudará su torso y su vientre y, de pie, gestará su mejor posición para que el yeso haga la forma perfecta.
“Lo primero que se hace es cubrir la pancita de vaselina, para que no se reseque la piel y, después, poner suavemente el yeso ortopédico y esperar, 30 minutos, a que se cree la forma”.
El yeso solo tapará la parte delantera de la mamá; es decir, sus senos y su vientre, y nunca se tocará la espalda. “Por eso en ningún momento este proceso causará daño ni en la mamá ni en el bebé”, afirma la ginecoobstetra Patricia Valencia.
“Es necesario aclarar que este tipo de moldes solo lo deben hacer personas capacitadas, que deben utilizar los productos adecuados. Lo único es que la piel se proteja de la resequedad que puede generar el yeso, pero nada más. Por lo tanto, ni a nivel material ni de tejido hay problemas para la mamá ni para el bebé en la realización de este tipo de barrigas artísticas”, puntualiza Valencia.
Después, cuando el yeso ya queda con la forma, Ana María lo retira y lava la piel con agua tibia.  Entonces, habla con la mamá, explora sus sentimientos para luego interpretarlos y plasmarlos en el yeso con formas y colores.
Gesto también permite que la madre pinte su propia barriga, que lo haga otro hijo, si lo tiene, o que lo haga el bebé que está en el vientre cuando crezca.
Esta obra de arte, que puede ser utilizada como lámpara, cuadro o esculturas de mesa, es preferible realizarla después del séptimo mes de
embarazo, cuando el bebé está en su máximo esplendor.

El simbolismo del embarazo
Si bien es cierto que para muchas mujeres la panza artística solo sería una escultura, para la sicóloga Sandra Alejo es la representación emocional de la madre durante su gestación. “Es el recuerdo del primer estado del bebé y de una experiencia física y emocional diferente para ella”, explica.
Agrega, además, que uno de los grandes beneficios que ve de este tipo de arte en las gestantes es que, más que un recuerdo, pasará a ser la exploración de la vida, porque se podrá palpar y ver, realmente en profundidad y tamaño, el lugar donde habitaba el hijo.
“Aunque el objetivo de la escultura es generar el recuerdo de la gestación, servirá como un método de adaptación para aquellas que no han aceptado su condición de mamás y que rechazan a sus bebés”, afirma Alejo.
Para el hijo, explica Sandra Alejo, será una forma de entender el embarazo, pero en especial, de comprender que sus papás lo deseaban tanto que optaron por plasmar su vida en una obra, porque la barriga es finalmente el propio bebé que crece.
Entre tanto, para la pedagoga Lina Idárraga y experta en arteterapia, una de las mejores formas de expresar las sensaciones es por medio del arte, por lo que considera que sería un beneficio propio conservar y pintar su barriga.
“Debe ser no solo un recuerdo bellísimo, sino también la mejor manera de exteriorizar en su propio vientre, con colores y diseños, los sentimientos que la rodearon en su gestación”.


Las hermanas Vargas y sus panzas
Johana y Diana tienen varias cosas en común: son hermanas, concibieron a sus hijos el mismo mes, los tuvieron con seis días de diferencia y se hicieron, el mismo día, la escultura de sus propios embarazos. “Sin duda alguna, ver el vientre materno en una fotografía es diferente a verlo físico y con su forma”, dice Johana, hoy madre de Paulina, de 3 meses.
Con su hermana, decidieron plasmar sus panzas. “Me pareció una gran idea quedarme con ese momento que es tan íntimo para quienes queremos tener un hijo”.
Hoy, tres meses después de no tener su barriga y de ver que en la sala de su casa hay una lámpara con la escultura de sus senos y su vientre, le da nostalgia y dice: “Me emociona saber que era allí donde llevaba a todo lado a mi hija. Ver la escultura es volver a soñar con tenerla siempre conmigo, porque ahora sé que es un ser independiente que irá creando su propio mundo".
Pero no solo le sucede a ella. Su esposo, Javier, también se alegra al ver nuevamente la barriga. En las mañanas, algunas veces, se acerca a la escultura y la toca, recordando no solo cuando consentía a su hija, Paulina, desde la panza de su mamá, sino también los buenos momentos que tuvo a su lado.
Tener la escultura de su embarazo le ha permitido a Johana no solo recordar sus buenos momentos durante la gestación; también, ver que en su cuerpo ya no está su bebé y que en un futuro su hija "sabrá que la amamos tanto que quisimos dejar el más bello de los recuerdos de su vientre, mi vientre”.
Igual le sucedió a Diana, su hermana, aunque su diseño fue un poco más allá. Le pidió a la experta Ana María que pintara en su molde de yeso un pick, que es el objeto con el que tocan guitarra, ya que su esposo es músico. “En la escultura de mi embarazo llevo a dos seres que amo con toda mi alma: mi bebé y mi esposo”.
Para ambas, la escultura es quizás el cuadro más valioso que jamás haya visto en la tierra. Aseguran que podrían tener obras de Picasso, Gaudí y demás, pero como esta, no será ninguna tan importante en sus vidas.

 

 

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