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Mitos y verdades en torno a la deshidratación

Una de las situaciones que enfrenta una madre de manera recurrente en el proceso de crianza de sus hijos está relacionada con la deshidratación.

/ 5 de Junio de 2017
Mitos y verdades en torno a la deshidratación        
   
                           
     
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Una de las situaciones que enfrenta una madre de manera recurrente en el proceso de crianza de sus hijos está relacionada con la deshidratación, la cual se presenta en muchos casos debido a diarrea, proceso generado por una infección; al vómito, que se constituye en una respuesta del organismo a infinidad de causas; o al sometimiento del niño a altas temperaturas, que hacen que se pierda el líquido vital necesario.

Cuando hablamos de deshidratación, nos referimos a la pérdida de agua y electrolitos (elementos químicos con actividad eléctrica en el organismo) necesarios para que el organismo mantenga su funcionamiento adecuado. Según el doctor Gustavo Álvarez, médico familiar, el estado de hidratación permanece cuando ingerimos la cantidad apropiada de agua y eliminamos por orina, sudor o deposición una cantidad de agua y sales que serán reemplazadas adecuadamente. Las enfermedades sobre todo las que cursan con fiebre o diarrea, el aumento de la temperatura ambiente y el ejercicio excesivo en condiciones extremas conducen a la deshidratación.

Existen algunos mitos o creencias que es oportuno aclarar teniendo en cuenta que los niños, por tener una mayor proporción de agua en su organismo que los adultos, son más susceptibles a los efectos dañinos de la deshidratación.

Mito: solamente las enfermedades graves producen deshidratación.
Realidad: Si bien es cierto que las enfermedades gastrointestinales, renales y respiratorias pueden producir deshidratación, también lo es  que someter a los niños a altas temperaturas y a no tener en cuenta que pueden entrar en deshidratación sin que tengan la capacidad de  comunicarlo a los mayores. En este caso se debe proporcionar los líquidos adecuados puede minimizar este riesgo en los niños.

Mito: Cuando un niño presenta diarrea, es suficiente hidratarlo con bebidas para deportistas.
Realidad: Definitivamente no, sobre todo si se trata de un niño pequeño. Estas bebidas están diseñadas para proveer sodio, potasio y otros elementos que el deportista pierde por sudor y además contienen  azúcar muy concentrado, que puede en algunas circunstancias empeorar la diarrea, siempre debe suministrase líquidos recomendados por el médico.

Mito: La diarrea ocurre luego de muchas deposiciones y varios episodios de vómito.
Realidad: Más que el numero de deposiciones o de episodios de vomito, es importante tener en cuenta la cantidad. Unas pocas deposiciones abundantes pueden deshidratar un niño. La sed y la orina de color oscuro son indicadores de deshidratación que deben ser atendidos por los padres para buscar ayuda profesional.

Mito: Los niños deben recibir diariamente una cantidad fija de agua, proporcional a los ocho vasos al día que se recomienda a los adultos.
Realidad: Esta aseveración no es cierta. La  cantidad de agua que debe recibir el niño debe ser proporcional a sus propias condiciones. Tanto el ofrecer un exceso como un defecto de agua puede resultar contraproducente y peligroso. Una orina oscura debe ponernos alerta acerca de la posibilidad de deshidratación.

Mito: Es abiertamente conocido que las bebidas colas son buenas para la deshidratación.
Realidad: Las bebidas gaseosas poseen una muy baja cantidad de electrolitos necesarios para reponer las perdidas ocasionadas por el vomito o la diarrea y contienen altas cantidades de azúcar lo que las hace muy concentradas para ser toleradas por el intestino y muchas veces empeoran la diarrea. La bebida de elección para reponer las perdidas de agua y electrolitos son las sales de rehidratación oral recomendadas por la Organización Mundial de la Salud.

Mito: El agua pura es el mejor hidratante
Realidad: Desafortunadamente esta creencia  ha conducido a darle de beber a un niño solo grandes cantidades de agua. El agua debe contener sodio, potasio calcio y otros elementos para que pueda ser aprovechada y distribuida adecuadamente en el organismo. Las sales hidratantes constituyen un ejemplo ideal de una buena bebida para hidratación.

Mito: la ingestión de grandes cantidades de agua “limpia” el organismo.
Realidad: Esta afirmación podría ser parcialmente cierta, en el sentido de que una hidratación adecuada mantiene en funcionamiento los mecanismos reguladores del organismo y permite la eliminación adecuada de desechos.

Mito: Una tostada de pan quemado con mantequilla de vaca es recomendable para controlar la diarrea y evitar la deshidratación.
Realidad: No existe evidencia de que esta sustancia tenga un efecto real sobre la causa de la diarrea. Se trata de remedios caseros o tradicionales  que se administran sin ningún control y con “efectos” totalmente aleatorios.

Mito: El jugo de manzana o pera es tan eficaz como las sales de hidratación.
Realidad: Por la razón que ya mencionamos acerca de la alta concentración de azúcar, no es recomendable suministrarlos en lugar de las sales, cuya fórmula contiene los elementos necesarios para reponer las perdidas de líquidos y electrolitos ocasionada por la diarrea o el vómito. Eso sí, pueden formar parte de la dieta recomendada post deshidratación.

Mito: El yogur  repone la flora intestinal, que se pierde después de una deshidratación.
Realidad: La flora intestinal está compuesta por millones de bacterias que habitan en él, cuya función es ayudar a descomponer los nutrientes que ingerimos en la dieta tanto para su utilización como para su eliminación a través de la materia fecal. El yogur resulta muy beneficioso para reponer la flora intestinal normal después de una infección o un tratamiento oral con antibióticos. El yogur contiene  bacterias benéficas como el lactobacilo, pero debe tomarse pasados unos días cuando menos, luego de la deshidratación.

Mito: El riesgo de desarrollar el temido “golpe de calor” o insolación se contrarresta con la administración de agua.
Realidad: La realidad del golpe de calor ocurre cuando se presenta deshidratación por beber poca agua y sales en condiciones de mucha sudoración y altas temperaturas en las que la temperatura corporal alcanza o superar los 40 grados.

Una guía útil para estimar las cantidades de líquidos que deben recibir los niños en condiciones  de temperatura y actividad normal, se resume en la siguiente tabla de recomendaciones de la Agencia Europea de seguridad Alimentaria

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