12 a 24 meses

¿Tu hijo ha perdido el apetito? No te alarmes

Llega la edad de la inapetencia y tu niño ha dejado de comer. Es parte del desarrollo pero debes hacer seguimiento.

/ 7 de Julio de 2017
¿Tu hijo ha perdido el apetito? No te alarmes        
   
                           
     
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Saber si tu pequeño se alimenta bien y si lo que le das como de comer es aquello que le ayuda en su desarrollo integral mente-cuerpo es una preocupación constante para los padres, en especial en los primeros 2 años de edad, pues es justamente en esa etapa del crecimiento que el cuerpo recibe los primeros alimentos después de la leche materna, reconociendo sabores, texturas y colores que le abren un mundo de sensaciones gustativas y, por supuesto nutricionales.

Además, se crean las rutinas y horarios alimentarios que serán la base de una vida activa y saludable. Sin embargo, hay un momento durante esos primeros años en que es posible que el niño presente un cambio en su ritmo habitual de alimentación y aparezca, hacia el año o año y medio de vida, cierto grado de inapetencia que alarma a padres y que se vuelve en un tema de consulta permanente con pediatras y nutricionistas.

Según la nutricionista Adriana Amaya, entre el 43 al 50 por ciento de sus consultas infantiles tienen que con este tema, al generarse un cambio en el desarrollo normal del niño, que se “asocia a la exploración del mundo, punto en el que ya el alimento no es tan importante para él, sino que lo desplaza el deseo de moverse y conocer”.

Cuando llega la inapetencia…

Aunque no es un tema para alarmarse, es importante que de llegar la etapa de la inapetencia, la trates adecuadamente, pues de no hacerlo puede quedarse y complicar un poco el desarrollo equilibrado del pequeño.

Para la psicóloga María Carolina Sánchez: “mientras un niño tenga un ofrecimiento amable y cariñoso de la comida, en un ambiente tranquilo, él va a comer sin ningún problema”, pues la alimentación tiene tres aspectos importantes: el biológico, psicológico y social, que hacen de la alimentación toda una dinámica educativa y de aprendizaje.

El aspecto biológico tiene que ver con la nutrición en sí, cuando se adquirir la cantidad necesaria de vitaminas, proteínas, carbohidratos y demás. Es decir, con ello se busca que exista el mínimo requerimiento nutricional para que un niño se desarrolle de forma óptima.

El ámbito psicológico se relaciona con el placer por comer. La comida que está en el mundo exterior se interioriza. En la lactancia, por ejemplo, la leche materna le transmite al bebé todo lo bueno que la mamá tiene para él como protección, apoyo, y esto genera un vínculo ineludible entre ellos.

Por su parte, el aspecto social tiene que ver con la posibilidad de compartir con otros al momento de comer. Para la especialista Sánchez, “la comida tiene un significado social de vínculo y desde hace años ha representado un acto que se realiza en comunidad, donde se comparte no solo un alimento, sino experiencias, diálogos, toma de decisiones y afectos”.

Ten en cuenta: ¿Por qué no comen los niños?

¿Cómo saber si lo que come es suficiente?

Especialistas y pediatras consideran que lo más importante para un niño de un año a dos es que se asegure que reciba los nutrientes necesarios en una buena alimentación, al igual que la ingesta mínima de tres comidas grandes y dos meriendas entre estas.

Deben mantenerse los horarios, al igual que en un margen de tiempo determinado. El tiempo de alimentación de un niño en esta edad no debe superar los 20 o 30 minutos, y no debe iniciar con ofertas como el jugo o dulces y, mucho menos con estrategias distractoras.

Según el doctor Carlos Francisco Fernández, cirujano, especialista en medina del dolor y asesor médico de Casa Editorial EL TIEMPO, es muy importante que los padres entiendan que un niño no come igual que un adulto. Las porciones generalmente deben repartirse, debe comer de 5 a 7 veces al día y una porción muy pequeña, para que sean cucharadas, dos o tres de puré, de la papilla, de los alimentos complementarios y de proteína, especialmente la proteína, en la que no hay que tener restricciones, como en el caso de los lácteos y demás.

Se dice que debe ser una onza por kilo de peso del niño. Un niño, cercano a los dos años, según la Organización Mundial de la Salud, debe pesar entre 11 a 12 kilos, así la cuenta hay que dividir esos kilos en 11 a 12 onzas de alimento y porcionarlo a lo largo del día, haciéndolo en dosis, de manera secuencial y no obligarlo, siempre procurando que la alimentación sea un momento grato.

Es ideal que la comida sea llamativa y variada en la alimentación de los niños, evitar azúcares artificiales, al igual que manejar porciones acordes con la edad del niño, pues en ocasiones se considera que no se está alimentando, porque deja comida en el plato y lo que sucede es que, en realidad, la porción es muy grande para su edad.

Te dará ideas: Tips para hacer que la alimentación sea divertida para los niños

¿Cómo hacer que coma frutas y verduras?

Si el niño ha superado el año y sigue sin comer, si su alimento principal sigue siendo la leche materna no se preocupe, pues esta le transmite el componente proteico, que necesita, con la leche ya está cubierto. Es lógico que coma carbohidratos blandos porque su sabor es grato, como en el caso de la pasta y además, le resulta más fácil comerlos por su consistencia.

Las frutas y la verduras, por el contrario, en especial las verduras hay que ir introduciéndolos de manera progresiva, con paciencia, y haciendo lo más llamativo el alimento, pues es claro que no son muy gratas al gusto entonces, el niño necesita que sean más agradables para poder tomarles el gusto.

Lo primero es buscar que le guste. No las de todas al tiempo, primero un puré de zanahoria, una crema de espinacas, poco a poco irlas introduciendo y creando el hábito. La tarea con esos alimentos blandos es lograr hacerlos llamativos, combinando colores y en porciones o dosis pequeñas, una cucharadita, poco a poco e ir incrementando las cantidades.

Además no todas al tiempo, intentar con una verdura y luego otra, hasta ver cuál puede ser la que tolera mejor. Así mismo, el ejemplo es clave, si usted o su familia no gustan de las verduras, no crea que a su pequeño le van a agradar, ellos comen lo que ven en casa.

Procura que la comida sea en familia

La hora de la comida debe ser un espacio familiar y obviamente, debe incluir al bebé de la casa. Él no debe comer en su cuarto o lejos de los demás. Eso sí, no lo hagan viendo televisión o con los juguetes que los distraigan.

Toda la familia debe comer los mismos alimentos, y que el pequeño vea que todos los platos son iguales, lo que varía es la cantidad para él. Coman bien y mastiquen despacio, correctamente para que el niño aprenda con el ejemplo, tratando de llevar una dieta variada y equilibrada.

Pon un plato preparado para el niño y no le des del tuyo a bocado, él debe tener su cubierto y hacerlo por sí mismo. No importa que desperdicie y se unte, todo hace parte del proceso de aprendizaje y del reconocimiento de las texturas, los colores y sabores.

Lee también: ¿Por qué no comen?

Consejos para que su hijo coma

-Lo primero es que si notas un problema, vayas con el pediatra para descartar un desajuste fisiológico o emocional. Si el problema persiste acude con un especialista.

-No le digas al niño: ‘una cucharada por papito, por mamita…’, pues en ese momento se le estás adhiriendo a la comida un ingrediente afectivo en la relación que él tenga contigo o su padre o relacionado. El alimento tiene que estar desprovisto de cualquier emoción, porque tiene que ser satisfactorio y placentero por sí mismo. Los afectos deben sentirse en el entorno y no en el alimento como tal.

-No es recomendable amenazar, sentir angustia ni tener mala actitud porque el niño lo percibe y lo puede usar como un chantaje antes sus cuidadores. Tampoco debes hablar de comida como una forma de presión. Por el contrario, entabla conversaciones sobre la escuela, los juegos o cualquier otro tema.

-Si tu niño no quiere comer, no lo obligues. Debes servirle su plato, pero si no come alrededor de 20 minutos, levántalo y dile que no habrá nada más hasta la siguiente comida. Cuando sienta hambre le das el plato que rechazó inicialmente.

-No lo premies por comer: “te ganaste una chocolatina por tomarte la sopa”; esta clase de ‘bonos’ no los debes dar, pues cuando se recalca que el postre es un premio, estas sobrevalorando el dulce. No digas nada, tómalo como una costumbre donde después de la comida se come algo diferente.

-Comer en familia: no permitas que tu hijo coma mientras ve televisión o en un lugar diferente al comedor. Es mucho más factible que aprenda a comer sanamente cuando ve el ejemplo de los papás y es más fácil que aprenda a disfrutar la comida cuando la relaciona con el vínculo familiar.

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