Comportamiento

¿Llegó la hora de la personalidad?

Entre los dos y los tres años de edad, el niño identifica quién es, y empieza a hacer una cantidad de actuaciones que lo afirman como una persona independiente.

/ 4 de Mayo de 2017
¿Llegó la hora de la personalidad?        
   
                           
     
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Hasta que el pequeño no alcanza los dos a tres años de edad, se siente como una prolongación de sus padres, y todavía no tiene claro que él es una persona aparte y autónoma. Cuando lo descubre, comienza a alejarse de sus progenitores e empieza a explorar el mundo y, por eso, solo quiere hacer su voluntad.

A esta edad el niño comienza a decir “yo solito”. Quiere comer solo, aunque todavía derrama la comida; quiere vestirse solo, aunque todavía no puede hacerlo, quiere bañarse solo, y así sucesivamente. Es importante apoyarles de alguna manera en estos actos de independencia, y permitirles que hagan algunas cosas solos, ayudándoles solo cuando sea imperativo o cuando quieran hacer algo que represente un riesgo.

Por otro lado, es en esta época cuando las pataletas se vuelven comunes, puesto que ellos no saben expresar adecuadamente sus emociones, y tampoco logran identificar qué es lo que están sintiendo.

Los padres deben ser radicales en estas situaciones y no caer en la tentación de ceder ante las pataletas, así sea un poco, pues el niño entenderá que esa es una forma de lograr lo que quiere, y seguirá usándolas cada vez que algo no le guste. 

Errores comunes

El exceso de amor suele debilitar las pautas de crianza y hacer que los padres vean a sus hijos perfectos o justifiquen sus equivocaciones.Frases como  ‘no es que mi hijo sea malcriado, lo que pasa es que aún es muy pequeño’; ‘él me pega, pero es jugando’; y ‘no son berrinches, es que tiene carácter’, son excusas que los padres utilizan para aprobar los malos comportamientos de sus hijos.

Este tipo de pretextos solo contribuyen a que los infantes se vuelvan indisciplinados, irrespetuosos, narcisistas, caprichosos y egoístas. Es importante que papá y mamá identifiquen algunos de los errores que con frecuencia cometen, para así corregirlos y formar de la mejor manera posible a sus pequeños.

Por ejemplo, la permisividad en ocasiones se da porque los padres creen que el comportamiento del infante es normal para su edad. Por eso, no toman correcciones y dejan que el niño grite, salte e incomode a otras personas en lugares públicos.

No se puede pretender que se esté quieto, porque es un niño, pero sí se pueden idear maneras de entretenerlo. Así, colorea con él, arma el rompecabezas con él, le cuentas una historia, le cantas y lo incluyes en las conversaciones, minimizarás al máximo, las posibilidades de que salte, corra, grite y llore cuando no lo debe hacer.

Tú también cometes errores: No hay niños ni padres perfectos

Por otro lado, la autoridad no se consigue a los gritos ni infundiendo temor. La autoridad se da cuando, a través de nuestras acciones, logramos que el pequeño entienda que nuestra experiencia nos hace saber cosas que ellos ignoran y que, por esta razón, nuestra obligación como padres es guiarlos. Debes tener en cuenta que ellos están aprendiendo y que cada orden que les das debe ser explicada las veces que sea necesario.

Recompensar a los niños en exceso, creer que como padres pueden hacer todo solos y no pedir ayuda, confundir paternalismo con paternidad, la psicorrigidez en la formación, el bombardeo de ocupaciones: cursos, talleres y pasatiempos, entre otras actividades; se suman a los desaciertos más habituales de los padres modernos. Sin embargo, sea cual sea el error, lo importante es reconocerlo.  

Berrinches en público

Una de las situaciones incómodas por las que atraviesan muchos padres son las pataletas en lugares concurridos y públicos.

Cuando el niño grite, llore, se tire al piso y dé patadas en un lugar público, la mamá o el papá pueden decirle frases como: “esa no es una forma adecuada de pedir lo que quieres, y ya te expliqué que no te voy a comprar el juguete”.

Para los padres no es fácil ver el espectáculo en un restaurante, en un supermercado o en un parque, pero deben entender que, precisamente, el pequeño reacciona así porque sabe que, dicho popularmente, tiene a sus padres en la mano y las miradas y los juicios de los demás pueden atormentarlos.

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Cabe destacar que, en este momento, el niño no está siendo racional y los regaños o conversaciones no serán efectivos, puesto que no prestará atención a lo que el padre quiera decir. De nuevo, es importante recalcar que, si bien no es fácil mantener la serenidad en estas situaciones, nunca le respondas al niño dándole gusto.

Pataletas: paciencia y firmeza

El ideal es que el niño entienda, desde el primer momento, que las pataletas no lo llevan a ningún lado y, por eso, deben frenarse antes de que lleguen a hacerse un ‘berrinche’ encualquier lugar fuera de la casa.

Expertos afirman que una estrategia muy buena es dejarlos solos, pero vigilándolos, por un momento, cuando estén a mitad de una pataleta. Eso es lo que se conoce como ‘time-out’, y consiste en darle al niño un tiempo para apaciguar sus emociones. El padre debe volver después, cuando tanto el niño como papá o mamá se hayan calmado y así se evitará un disgusto.

Es muy importante que el niño entienda que tiene derecho a expresar sus emociones y sentimientos, y que no se le están reprochando o juzgando por tenerlos, sino por la forma de expresarlos; de la misma manera, es bueno que sienta que su madre o su padre lo comprenden. Si el niño insiste y continúa con su actitud, el adulto puede retirarse del lugar con su hijo sin gritarle, sin subir la voz, sin maltratarlo.

Conoce más del tema: ¿Cómo manejar las pataletas de tus hijos?

Por otro lado, se sugiere tener un límite para el número de veces que se le repite una orden antes de que la cumpla. Si no lo hace, el adulto debe obligarlo a cumplirla, evitándo al máximo caer en las peleas. Así el niño llore y grite, debe mantenerse firme en hacerle cumplir la orden, ya que de esta manera entenderá que no es por medio de esos comportamientos como se logra la independencia. Esto debe repetirse cada vez que él crea que con pataletas puede conseguir lo que quiere, pues terminará comprendiendo que los padres tienen el control.

Después del incidente es posible enseñarle al pequeño que, si desea pedir algo, debe hacerlo con palabras. Hay que darle ejemplos de cómo hacerlo y explicarle que no por eso se le dará gusto en todo, pero que esa es la forma correcta de comunicarse con los demás y de hacer que lo escuchen.

 

 

 

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