Comportamiento

¿Berrinches? Aprende a manejarlos y no caigas en la manipulación

No permitas que los pequeños logren lo que quieren a través de gritos y de tirar cosas. Ellos deben aprender que el medio es el diálogo.

/ 21 de Abril de 2017
¿Berrinches? Aprende a manejarlos y no caigas en la manipulación        
   
                           
     
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Esas molestas y penosas escenas que nuestros pequeños protagonizan, en especial, en lugares públicos o en las reuniones familiares, suelen sacarnos de quicio, porque no sabemos cómo actuar y, mucho menos, qué hacer para que no se presenten más.

Al respecto, padres y cuidadores deben saber que los berrinches y las rabietas, antes de los 5 años de edad, son normales porque hacen parte del proceso de comunicación de los infantes. Sin embargo, luego de esta etapa no deberían volver a presentar y menos convertirse en un problema reiterado.

Sin embargo, como lo acabamos de decir, estas actitudes hacen parte del desarrollo y son la primera manifestación de la independencia, muestra en parte, de la personalidad, que se darán sí o sí durante los primeros años de vida.

La razón, según explica la psicóloga de familia y fundadora del CIP (Centro Interamericano de Psicoterapia), Natalia Izquierdo Álvarez, es sencilla: “en la primera infancia los seres humanos somos netamente emocionales y no contamos con mayores estructuras reflexivas. Esto hace que no tengamos la capacidad para regular o controlar nuestros estados de ánimo, por lo que terminamos expresando nuestro enojo, frustración y deseos mediante estas actitudes explosivas”, dice.

Muy interesante: ¿Cómo manejar las pataletas de tus hijos?

Esto significa que las pataletas, rabietas y berrinches son una de las primeras formas de comunicación del individuo, normales desde los 18 meses (cuando empiezan a suceder) hasta los 5 años de edad (momento en que deben comenzar a desaparecer).

Y es que durante los 18 y 36 meses de vida se presenta la etapa de la independencia, también conocida como la del ‘yo solito’. Es entonces cuando los más pequeños reclaman autonomía para hacer las cosas a su modo, y los padres, en su papel de guías, generalmente no se lo permiten.

Aunque estas manifestaciones son normales durante los primeros 5 años de los niños, pues responden a una acción científicamente justificada, el que sean habituales no significa que deban pasarse por alto. Por el contrario, deben ser tratadas con conocimiento de causa para evitar que trasciendan en la crianza y se conviertan en un gran problema.

Hay que tener en cuenta que los extremos son viciosos por eso, “diversos estudios psicológicos han demostrado que los hijos que han sido formados bajo una educación demasiado estricta o excesivamente permisiva tienden a hacer más pataletas, incluso después de los 5 años de edad, cuando se supone que empiezan a ser más racionales”, agrega Izquierdo.

Reconozca una verdadera pataleta

Aunque sus características varían conforme a la personalidad de los infantes, por lo general las pataletas incluyen llanto, gritos, tirarse o revolcarse en el piso, azotar puertas y lanzar objetos. “Esto no debe confundirse con hechos en donde los niños se lastimen a sí mismos o a otras personas, se encuentren permanentemente tristes, tengan problemas para conciliar el sueño, padezcan de pesadillas recurrentes, se rehúsen a comer por periodos prolongados,  o se quejen de dolores físicos. En cualquiera de estos casos debes buscar ayuda especializada de inmediato”, dicen los especialistas.

Atiende a las señales: ¿Por qué llora tanto?

Así las cosas, cualquier exceso o déficit en las pautas de crianza, entendidas como los deberes y derechos del niño, con relación a su desarrollo y formación, pueden hacer que una rabieta normal tenga un efecto ‘bola de nieve’, y se transforme en un comportamiento de irritación permanente e incontrolable. De allí, la importancia de establecer normas y límites: dos ingredientes fundamentales en el amor responsable.

Otro factor que suele prolongar y agudizar las pataletas tiene que ver con el desarrollo del lenguaje verbal del pequeño. “Si no le entienden lo que habla es muy probable que se manifieste corporal y emocionalmente para hacerse entender”, expresa la doctora Izquierdo.

Por otra parte, también influyen los patrones conductuales de la familia. Es decir, si en el hogar no hay un manejo adecuado de los conflictos, y son frecuentes los gritos, las agresiones y los maltratos, el niño imitará lo que ve.

En consecuencia, los padres deberán hablar con calma, claridad y autoridad, aun cuando la situación sea extrema; ser firmes y consistentes en sus decisiones, evitar a toda costa ‘salirse de casillas’, y desautorizarse entre sí.

¿Cómo actuar ante una pataleta?

El diálogo con los niños, incluso cuando son bebés es fundamental para el manejo y control de los incómodos pero inevitables berrinches. De ahí la importancia de acercarse a los pequeños y ser unos padres comprensivos, capaces de entender que detrás de cada acción del niño hay una razón de ser.

En otras palabras, debes preguntar ¿por qué lloras?, ¿por qué gritas? y ¿por qué tiras las cosas?, pues esta cercanía es clave para intentar entablar una comunicación más acertada con el menor de edad. Asimismo, intente explicarle, tantas veces como sea necesario, que primero las cosas se manifiestan sin necesidad de hacer rabietas; que si lo hace no obtendrá lo que quiere. Usted lo entiende, pero no puede acceder a las peticiones de él o ella, y hablar de lo ocurrido una vez termine el enojo.

Por otra parte, hay cosas que, definitivamente, no se pueden negociar y los gritos y el llanto no harán que esto cambie y, nunca debe perder la paciencia. Este tipo de confrontaciones harán que la intensidad, la duración y la frecuencia de las pataletas disminuyan hasta que el niño comprenda que no se trata de una competencia entre el padre y él o ella, que no hay necesidad de recurrir a los berrinches para expresarse y obtener lo que se desea, y que a través del diálogo es como, en la medida de lo posible, se logran los acuerdos.

En cada niño será diferente

La evolución de las pataletas no es un asunto de cronología. Su variedad está directamente relacionada con el proceso de adaptación individual de cada ser humano y de cómo los padres y demás personas responsables de la formación del menor lo ayuden a enfrentar sus propias emociones, mediante límites y normas establecidas con comprensión y amor. 

Sin embargo, a medida que van creciendo descubren qué es lo que más irrita a sus padres y cómo, finalmente, pueden lograr lo que se proponen. De ahí la importancia de controlarlas a tiempo. Recuerde que la responsabilidad de que continúen y se hagan más agudas es directamente de los padres, quienes deberán analizar con lupa qué es lo que están haciendo mal.

Ten en cuenta, te servirá: Tips para calmar una pataleta

 

 

 

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