Nutrición

Cuatro trucos para que tu hijo acepte nuevos alimentos

Estos consejos son probados científicamente, no te quedes sin conocerlos.

/ 5 de Octubre de 2017
Cuatro trucos para que tu hijo acepte nuevos alimentos        
   
                           
     
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¿Cada vez que le ofreces un nuevo alimento a tu hijo sufres porque se rehúsa con todas sus fuerzas a probarlo?

Quizá no lo sepas pero el problema podría tener explicación científica: el miedo a lo desconocido también está en la comida al punto que varios expertos lo han denominado neofobia alimentaria, es decir, el profundo rechazo que siente una persona a probar alimentos que nunca antes ha ingerido. Si bien, este comportamiento resulta frecuente en niños entre los 2 y los 5 años, no prestarle atención ni desarrollar estrategias adecuadas para que el pequeño pierda la desconfianza por el alimento y se anime a probarlo, puede originar consecuencias dietéticas negativas en cuanto que se reduce la variedad de los alimentos ingeridos que se pueden extender hasta la vida adulta.

Por su parte, presionar a los niños para que prueben esos alimentos nuevos  puede afectar negativamente su estado emocional y generar mayores niveles de neofobia por la tensión y el estrés que esto le genera al pequeño, de modo que la clave para mitigar el impacto de este problema está en que los padres logren “crear un ambiente agradable a la hora de las comidas, involucrar a los pequeñas en la compra y la elaboración de la mismas para que se familiarice con ella, utilizar refuerzos positivos y ante todo, mucha paciencia siendo un buen modelo a seguir por los pequeños en hábitos alimenticios", aconseja  la psicóloga Edurne Maiz.

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Por eso, un estudio de la Universidad de Maastricht, en Holanda, publicado recientemente en la revista científica Appetite destaca algunos trucos a los que los padres pueden recurrir para que sus hijos consuman nuevos alimentos.

1.    Permíteles jugar con la comida

La textura de un alimento puede jugar un rol importante a la hora de provocar el rechazo de un niño. Los investigadores determinaron que la consistencia crujiente, esponjosa o con grumos puede resultar determinante para el pequeño. En el estudio, le dieron a un grupo de niños entre 3 y 10 años una gelatina sin color ni sabor para que la manipularan y jugaran con ella. A otro grupo le dieron un juego de mesa. Luego, les pidieron a todos que probaran tres postres: un yogurt de fresa suave, otro con trozos de fruta y gelatina de fresa. Descubrieron que aquellos que habían jugado con la gelatina comieron más gelatina de fresa en comparación con el grupo al que no le habían dado nada. Por lo tanto, concluyeron que dejar que los más pequeños jueguen con su comida utilizando las manos incrementa las posibilidades de que luego acepten ingerirla.

2.    Antójalos en familia

A través de experimentos, los investigadores determinaron que el comportamiento de los niños a la hora de comer está fuertemente influenciado por el contexto social de modo que, los menores no sólo encuentran satisfacción en el sabor de los alimentos, sino también en la compañía y las interacciones sociales que se dan en la mesa. Por eso, su actitud hacia algo nuevo resulta más positiva en un contexto social y afectivo, como una cena familiar con un ambiente tranquilo y agradable, que cuando mamá o papá se sienta a la mesa con el único objetivo de darle de comer.

Comer con otros les da, además, la oportunidad de identificar las sensaciones que les produce la comida y observar los gestos y expresiones de los demás a la hora de ingerir un alimento. Esto es lo que les permite hacer una construcción social de lo que es el placer de comer. Aquí, es clave que cuando comas con tus hijos le demuestres lo deliciosa que te resulta la comida. Incluso, pueden exagerar un poco las expresiones como “mmmm”, “¡Qué bien sabe!”, “¡cómo está de rico esto!” para que tu hijo se percate y tenga curiosidad.

3.    Busca “influenciadores”

Los niños tienden a imitar las conductas de la gente de su entorno. Por eso es muy importante que vean a sus padres comiendo una dieta saludable. Por ejemplo, un experimento liderado por la experta en alimentación infantil Leann L. Birch tomó a niños con preferencia por el vegetal A y lo sentó a comer con niños a los que, en cambio, el gustaba el vegetal B. Luego, se les pidió que eligiera entre A y B. El resultado fue que los menores que preferían el vegetal A aumentaron su predilección por el vegetal B, porque era el que consumían los otros.

Por su parte, un reciente estudio de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos concluyó que hacia los 14 meses los pequeños comienzan a a aprender el placer de la comida observando a otras personas.

4.    Repite las veces que se necesario

Si tu pequeño se resiste a probar un nuevo alimento, ármate de paciencia y ponte creativo. Puedes probar con empezar a camuflar los alimentos en preparaciones donde el niño vaya familiarizándose poco a poco con el sabor. Si logras que se lo coma con agrado, muéstrale el alimento que se comió sin darse cuenta y dile cosas como: “a que no adivinas qué te acabas de comer ¿Ves que no sabe tan mal como pensabas”

Lo más importante es no desfallecer y dejarle comer solo lo que él quiera. Al contrario, ofrécele el alimento una y otra vez en distintas presentaciones.

Según los investigadores, lograr que un niño acepte un nuevo alimento puede tomar entre cinco y 15 repeticiones.

 

 

 

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