Nutrición

Malos hábitos: enemigos del apetito

Distracciones y falta de estímulos son algunas prácticas que pueden generar inapetencia en los niños.

/ 30 de Enero de 2017
Malos hábitos: enemigos del apetito        
   
                           
     
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Hay una relación directa entre las sanas rutinas de alimentación y el buen o mal apetito de una persona. Desde la infancia, la disposición para comer de manera sana y continua está influenciada por los padres, quienes son, en un principio, los que deben marcar las pautas de lo que debe o no comer su hijo.

Como explica Katerine Villa, nutricionista de la Universidad Javeriana y directora de proyectos del Centro Colombiano de Nutrición Integral Cecni, “podemos hablar de malos hábitos de alimentación, de aquellos que terminan desplazando los alimentos con alta densidad de nutrientes o de aquellos que llevan a inapetencia o a excesos. Hay una relación directa entre los hábitos, costumbres y creencias, y el comportamiento frente a los alimentos”.

Y estos malos hábitos pueden influenciar a los niños desde que comienzan a alimentarse y, en general, se fomentan durante los primeros cinco años de vida; en su mayoría se convierten en los patrones alimentarios de su edad adulta. Uno de estos puede ser la inapetencia.

Ahora, “la adquisición de hábitos alimentarios no se reduce al hecho de consumir únicamente alimentos, sino que también depende de los comportamientos que se generan alrededor de esto, como los horarios de las comidas, los espacios donde comen, las reglas al comer, los ritos formados antes y después de cada comida, y las preferencias de sus cuidadores”, agregaLigia Margarita Peñaranda, jefe enfermera de la Universidad Popular del Cesar, coordinadora del Centro de protección Integrarte de Cajicá (Cundinamarca) e investigadora de temas relacionados con los hábitos alimentarios en la infancia.

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Estos hábitos que pueden influenciar cambios en las rutinas de alimentación, según las expertas, son:

Trabas en la alimentación complementaria

Para Paola Yanquen, nutricionista dietista, especialista en ciencia y tecnologías de alimentos, se crea un mal hábito cuando, en la etapa de la alimentación complementaria, no se le ofrecen varios alimentos al niño, sino solo uno; entonces, se acostumbra al pequeño a no aceptar otras consistencias, colores y sabores.

“Si en ese momento yo no logro una variedad muy amplia de alimentos, después del año el niño solo va a querer aceptar los que yo le ofrecí y va a preferir no comer”. Eso es lo que les pasa a los niños cuando entran al jardín. Por ejemplo, en casa se acostumbra que los alimentos siempre son licuados; y, luego, en el  jardín empiezan a dárselos en trocitos o en una consistencia mayor. Si el niño no los ha aceptado o nunca los ha probado, no va a comerlos.

Distractores

Los niños, entre los dos y los cuatro años de edad, son muy visuales; entonces, cuando le prendes la televisión, la tableta o el celular, sencillamente toda su capacidad de atención va a estar en el juego y no en el alimento. Eso hace que el niño no sepa ni disfrute lo que está comiendo, dice Yanquen.

El momento de la alimentación debe tener la misma importancia que los momentos de esparcimiento, del juego; o, cuando el niño ya está en el jardín, el momento de la clase. Hay un espacio para cada cosa. Si mezclo el objetivo de un espacio con otro, no se le dará el valor que tiene a la alimentación.

Apetito selectivo

Algunas madres pueden equivocarse y generar apetito selectivo en sus hijos. Es decir, el niño solo consume lo que le gusta y no se atreve a probar otras cosas porque no se las enseñaron. Hay inapetencia frente a unos alimentos y buen apetito frente a otros y, a veces, estos últimos no son los más nutritivos.

Mal ejemplo en casa

Si los padres se niegan a consumir ciertos alimentos, sus hijos también lo harán. El niño es una esponja y, aunque los adultos creen que los niños no entienden, ellos captan todo. Los padres son las personas que pueden influenciar los hábitos constantemente, y el ejemplo es la mejor estrategia; cuando los cuidadores no llevan una alimentación saludable, se ha visto que los niños no consumen algunos alimentos o tienen selección o preferencias por los mismos.

No fijar horarios para los tiempos de comida

No es necesario tener un ritmo militar, pero sí que los padres o cuidadores establezcan unos tiempos para el desayuno, el almuerzo, la cena y los refrigerios. Con esto se evita saltar las comidas.

El lugar donde se consumen los alimentos debe ser una regla.

Los niños que comen solos generalmente no consumen sus alimentos de manera adecuada. Lo ideal es que los pequeños coman en la mesa, acompañados de su familia o sus compañeros del colegio, dependiendo de en dónde se encuentren. De esta manera, se permite compartir y seguir el ejemplo de las personas que lo acompañan en ese momento.

Saltos de comida.

Algunos niños no desayunan o no almuerzan, y los padres o cuidadores sustituyen la comida por otros alimentos con mayor densidad de calorías y con pocos nutrientes.

La manifestación del padre es que el pequeño es inapetente, pero realmente lo que sucede es que se ofrecen otros alimentos que desplazan las comidas que el niño debe consumir.

Consumo de líquidos.

La capacidad gástrica de los niños es muy pequeña y, al sentirse satisfechos, deciden no comer; entonces, en ocasiones, los alimentos sólidos son desplazados por los líquidos que son ofrecidos en volúmenes superiores a los que ellos requieren.

La alimentación como obligación.

En manos de los adultos está que el niño no cree aversión a otro tipo de alimentos. Y cuando un niño es obligado a comer, sin que los padres le expliquen las razones de la buena alimentación, el apetito puede verse afectado. Hay que explicarles por qué el cuerpo necesita la energía de los alimentos para jugar, para aprender, para crecer.

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No olvidar las buenas rutinas

Las expertas aconsejan seguir los siguientes hábitos para favorecer el buen apetito de los niños:

• No dejar pasar las comidas: establecer horarios, fijar lugares para consumir los alimentos, inculcar la importancia de desayunar, almorzar y cenar.

• Ofrecer variedad de alimentos y presentaciones.

• Una familia debe tener en cuenta que los hábitos alimentarios se forman desde el nacimiento y que los niños aprenden por imitación; por tanto, los padres y cuidadores deben ser los primeros en mantener buenos hábitos, como el consumo de alimentos en las porciones adecuadas, los horarios de las comidas, la identificación de la importancia de la comida como un aporte nutricional al desarrollo de los niños, la participación de estos en el conocimiento de lo que consumen y su importancia.

• No satanizar los alimentos. El niño podría probar una hamburguesa, pero no puede ser su alimento de todos los días. Puede comer un chocolate, pero no cinco en un día. Hay que enseñarle cuánto tiene que comer y por qué.

 

 

 

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