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¿Qué hacer si mi hijo se toca los genitales?

La masturbación infantil, una etapa de conocimiento normal del niño. Claves

/ 27 de Marzo de 2012
¿Qué hacer si mi hijo se toca los genitales?        
   
                           
     
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Muchos padres pueden sentir que aquella escena en la que ven a su hijo tocándose los genitales o a su pequeña moviéndose insistentemente sobre una almohada o un sillón es bastante incómoda y preocupante.

Por fortuna, no hay nada que temer, es natural. La masturbación es un autoconocimiento y autoexploración del cuerpo a través de la estimulación del pene o la vagina.

Primero es importante aclarar que este comportamiento es de carácter evolutivo y su objetivo es muy diferente según la edad. La etapa en la que inicia esta conducta tiene una gran variación. Para Rocío Mendoza Cabrera, pedagoga, educadora sexual infantil y humana y terapeuta sexual, se han documentado algunos casos de infantes en etapas tempranas, como son los bebés de entre 6 y 18 meses. Ella explica que primero se conocen las manos, luego los pies, el resto del cuerpo y por último los genitales. Por ejemplo, los bebés pasan gran parte del día explorando su cuerpo y la mayoría descubre que tocar o presionar sus genitales es más agradable que tocar cualquier otra parte.

María Claudia Abello, sicóloga educativa especializada en el área de educación sexual, explica que es una etapa inocente, de curiosidad, sin ningún tipo de conocimiento previo de lo que están haciendo ni conciencia de la masturbación. Generalmente es hasta los cinco años de edad y no tiene un fin orgásmico ni está relacionado con fantasías de tipo sexual, agrega Álvaro Franco Zuluaga, médico siquiatra infantil y docente de la Universidad del Bosque.

Otra etapa es entre los cinco y siete años, que ya hay conocimiento previo de su propio cuerpo y autoexploración, añade María Claudia Abello. Y de los 11 a los 14 años ya hay una búsqueda de placer. En la adolescencia está asociado a fantasías sexuales o imágenes y se busca el orgasmo como liberación de tensión, afirma el médico.

 

¿Qué hacer?

Si los padres ven a su hijo estimulándose, la doctora Mendoza dice que se debe reaccionar con tranquilidad, ya que esta conducta no solo tiene que ver con el hecho de conocer su cuerpo y sus sensaciones, sino también con la capacidad de dar y recibir placer cuando sea adulto. Por eso no se debe reprender ni castigar, porque el pequeño lo puede malinterpretar y creer que es un niño ‘malo’ o ‘sucio’ y que esa parte del cuerpo también lo es. Esta respuesta genera en el niño vergüenza, culpa y miedo, lo cual impide un desarrollo psicosexual saludable, puntualiza la doctora Rocío, quien además es coordinadora del diplomado en Sexualidad Infantil y Desarrollo Humano de la Asociación Mexicana para la Salud Sexual A. C.

Para la terapeuta, “lo que se podría hacer, ante esta conducta, es que si sucede durante el cambio de pañal y/o baño, se puede aprovechar para enseñarle el nombre correcto de sus genitales, por ejemplo, y decir cosas como “Veo que estas conociendo a tus genitales; los vamos a terminar de limpiar y les pondremos un pañal para que estén bien cuidados”.

Si antes de dormir el bebé frota o se mece rozando sus genitales, permítaselo, pues esta conducta le da tranquilidad, lo relaja. Si se trata de un niño de 3 a 5 años y “si mamá o papá reaccionan con cara de espanto, el mensaje no verbal será que está haciendo algo muy malo”, aconseja la doctora. Los padres pueden preguntar: “¿A qué juegas?”. Si el niño responde, el padre puede explicar por qué es normal y la importancia del conocimiento del cuerpo y la intimidad. Incluso, dice la sicóloga Abello, nunca se debe poner en evidencia si lo está haciendo en presencia de otras personas.

En estos casos, ella aconseja distraerlo con otro objeto o situación. Y hablar con él sobre la situación en privado. Si no se hace de esta manera, el niño va a creer que es malo y preferirá actuar a escondidas. ¿Cuál es el límite?

La anormalidad radica en la edad y la frecuencia con la que el niño se masturba. Según Mendoza, “si es constante y se produjo alguna lesión, entonces ya estamos ante una conducta o trastorno de ansiedad”. El siquiatra Álvaro Franco es enfático al decir que si un niño se toca demasiado los genitales, después de los cinco años hay que pensar que puede ser por un abuso sexual y, según él, ese abuso no es solo una violación, es un espectro: “Desde cosas elementales como bañarse desnudo con los padres, estarlo tocando sin mala intención, darles besos en la boca. O que el niño hubiera visto relaciones sexuales de los padres, en televisión o pornografía infantil”.

 

 

 

 

 

 

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