Comportamiento

Cinco errores en la crianza que aprendimos de nuestros padres

El proceso de la crianza no es difícil, solo requiere educar con amor, intuición y ejemplo.

/ 7 de Junio de 2017
Cinco errores en la crianza que aprendimos de nuestros padres        
   
                           
     
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Formar a los hijos es un tema que a muchos padres, sobre todo primerizos, les genera muchas dudas y temores: ¿será que lo estoy haciendo bien?, ¿seré muy permisivo?, ¿seré demasiado estricto?, ¿cómo debo corregir?, ¿qué pasa si me equivoco?, ¿me estaré volviendo cantaletuda (o)?, son tan solo algunas de las preguntas que con certeza te habrás hecho en algún momento.

Para Marco Valera, experto en metodología activa y rector del Campus Pampuri, el proceso de la crianza no es difícil, solo requiere educar con amor, intuición y ejemplo. “No se necesita ser experto o psicólogo para lograr la asertividad en el proceso de formación de los menores, sólo se necesita dejar el miedo, atreverse a ser padres y buscar aquello que los haga felices a ellos y a sus hijos”, explica Valera.

Es lo que en otras palabras, se denomina crianza positiva, es decir, el balance ideal entre amor y disciplina, entre autoridad y libertad. Esto crearelaciones entre padres e hijos basadas en el respeto, permite que los pequeños aprendan a relacionarse con los demás de manera no violenta y constructiva, los anima a ser autodisciplinados, y les enseña a respetar normas y límites por convicción y no como consecuencia de un castigo psicológico o físico.

No obstante, para muchos psicólogos y educadores, el problema está en que los padres de hoy tienen algunas malas ideas o concepciones sobre lo que significa educar a sus pequeños e incluso, muchos “arrastran” los ejemplos y malas prácticas que usaron con ellos sus propios padres. De ahí que sea  común escuchar frases como “a mí me dieron correa y no me traumaticé” o “en mis tiempos, que psicólogo ni que nada… eso se arreglaba con un pellizco”.

Por eso, Save The Children, la organización internacional que trabaja por los derechos de la niñez, lanzó una guía para padres que entre varios consejos, explica cuáles son algunas creencias que afectan la crianza positiva de nuestros niños y que, a veces, reproducimos, de los modelos adoptados por nuestros padres y abuelos.

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Con los niños pequeños no se puede dialogar porque no entienden”

Si bien solo a partir de los 36 meses tu bebé logra un entendimiento casi total del lenguaje hablado, prácticamente desde sus primeras semanas de vida, es capaz de captar perfectamente la intencionalidad del mensaje que le transmites a través de los códigos de comunicación no verbales: tus gestos, tus expresiones faciales y tu tono de voz.

“Las cachetadas o las palmadas sirven para corregir y a los niños se les olvida enseguida”

Un pellizco, una bofetada, un tirón de pelo, un zarandeo, un insulto, una amenaza o incluso, un grito en público que lo avergüence ante otros, son algunas de las tácticas más comunes que los padres emplean para educar a sus hijos cuando no disponen de herramientas de comunicación adecuadas.

Muchos no lo saben pero estas reacciones pueden provocar experiencias negativas en nuestros pequeños que generan asociaciones, huellas o memorias implícitas de gran carga emocional. Estas huellas, incluso cuando se generan en la edad más temprana, influirán en la forma en la que el niño se relacione después.

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“A mí me pegaron de pequeño y no tengo ningún trauma”

No podemos saber cómo seríamos si nos hubieran educado de otra forma. Es posible que a lo largo de tu infancia hayas recibido mucho amor pero también  te hayas llevado algún correazo, palmada, grito o desaprobación humillante por parte de tus padres y esto no te  parezca algo malo ni traumático. Sin embargo, no podemos asumir como natural la convivencia entre el amor y la violencia.

Como lo explica María Inés Cuadros, especialista en desarrollo y protección de la niñez, el modelo principal que utilizamos en la crianza es el que aprendimos en casa pero, “más allá del cariño y la paciencia, ese modelo usó el miedo, el grito y el golpe como forma de corregir. Nos inculcó que la violencia estaba bien si se trataba de educar”, señala. Hoy, varias investigaciones han demostrado que los niños criados en contextos tiranos y opresores son más propensos a la ira, la inseguridad, el temor y la rebeldía.

“El mejor psicólogo es la correa”

Muchos de los adultos que usan el castigo físico suelen justificar que de otra manera el niño no entiende y que esta es la mejor manera de corregir. Así que, suelen utilizar el sistema de premios y castigos. Esta actitud refleja la falta de conocimiento de las capacidades y emociones de sus propios hijos y demuestra la carencia de empatía, respeto y habilidades comunicativas por parte del adulto que no se ha tomado el tiempo para sentarse a dialogar con su pequeño para resolver los conflictos.

“Un palmada a tiempo evita males mayores”

Algunos padres utilizan las palmadas para interrumpir la intención del niño de hacer algo que no le está permitido o que le puede causar daño, por ejemplo, tocar un objeto o llevárselo a la boca, pero olvidan que los niños aprenden mediante los sentidos. Evitar ese deseo de explorar a través del castigo físico en la mayoría de las ocasiones, resulta inútil porque el interés del niño por conocer su entorno es más potente que la amenaza del castigo.

Es responsabilidad del adulto fomentar la curiosidad innata del bebé y al mismo tiempo evitar exposiciones a posibles daños: no dejar productos químicos, medicinas u objetos peligrosos a su alcance, poner protectores en los enchufes, tener cuidado con electrodomésticos encendidos. Es muy importante que estés siempre vigilante desde la distancia pero también que le permitas desarrollar su autonomía mientras realiza sus exploraciones.

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