Comportamiento

Top 10 de aspectos emocionales y afectivos en tu hijo

Aprende sobre el buen manejo de sentimientos y emociones que experimenta tu hijo durante su infancia.

/ 20 de Octubre de 2016
Top 10 de aspectos emocionales y afectivos en tu hijo        
   
                           
     
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1. Su desarrollo, acorde con la edad

Un niño que crece naturalmente, que se desarrolla a su ritmo y sin presiones, tiene muchas más opciones de ser emocionalmente sano. Si algo no anda bien con su proceso de crecimiento es  probable que se afecte emocionalmente, que se sienta inseguro y temeroso. Su bienestar emocional también depende de su capacidad física y mental para aproximarse al mundo y descubrirse a sí mismo para no sentir limitaciones. El niño que evoluciona de acuerdo con su edad y con los avances que va logrando, a medida que se desarrolla, tendrá más opciones de encontrar bienestar emocional, porque asumirá retos nuevos y no encontrará frenos en su propio desarrollo. Un niño está descubriendo el mundo y la vida, y se está encontrando a sí mismo en cada nuevo paso que da, por eso es clave que esos nuevos pasos sean naturales, acordes con las capacidades que va adquiriendo en su crecimiento físico y mental.

2. El juego

El juego es fundamental para todo el desarrollo de los niños, en todos los aspectos. Un pequeño  que juega es sano emocionalmente, puede realizarse, inventar y descubrir la vida. Velar porque el menor participe en actividades divertidas es proporcionarle el espacio y los momentos propicios para que se reconozca a él mismo, para que descubra sus ideas y su creatividad, y para que procese y exprese sus emociones. Mediante el juego, logra entender y comprender lo que siente, se conecta consigo mismo y manifiesta la manera como está creciendo y se está desarrollando.

El juego es la forma en la que un niño se conoce a sí mismo y reconoce el mundo. Aquel que no juega no crece emocionalmente sano, no logra hacerlo de acuerdo con sus necesidades y es posible que tenga dificultades para relacionarse con sus pares. Sencillamente, un niño que no juega y que no desarrolla su imaginación no es feliz.

3. Su seguridad física

Los primeros descubrimientos de un bebé son a través de su piel, sus manos y sus movimientos, y es clave que él pueda aprender en un ambiente seguro y armónico. Un niño que crece en un entorno de estos, en el que puede moverse a su antojo y en el que siente que está a salvo, será un niño tranquilo y confiado. No se trata de evitar que el niño se caiga de vez en cuando o que se ensucie, sino de proporcionarle una visión de un mundo seguro, no de un lugar que le puede hacer daño o lo puede agredir. Debe poder jugar en el pasto, en la arena, gatear en un suelo donde no se hiera, disfrutar de la naturaleza, recibir la luz del sol, descubrir que está en un lugar hermoso con montones de sensaciones y experiencias agradables. Es bueno que sienta que puede acercarse a la vida sin miedos ni prevenciones, que está a salvo. Esa tranquilidad física redunda en su seguridad ante el mundo y en la reducción del estrés.

4. Su capacidad para asumir nuevos retos

Un niño que no logra avanzar en su desarrollo puede ser un pequeño que crece con miedos e  inseguridades, por eso es clave ayudarlo a superar retos, que van desde aprender a gatear, a caminar, a hablar, a subir y bajar un escalón, hasta ingresar al jardín infantil o al colegio y separarse por primera vez del adulto que lo cuida y protege. El menor debe enfrentarse a estos cambios y superarlos para aprender que es capaz y que el mundo no le queda grande, que puede asumir los cambios. Muchos de estos procesos son naturales y lo que debe hacer el adulto es no limitarlo, no generarle angustia ni miedo a su hijo; por el contrario, debe acompañarlo con seguridad en cada uno de estos momentos de la vida.

5. La satisfacción de sus necesidades básicas

Cuando un niño tiene hambre, frío, sueño o cansancio no puede sentirse a gusto con él ni con el   mundo. Es muy importante atender estas necesidades básicas del menor desde que es bebé para que sienta que tiene protección y cuidado. Además, cuando está satisfecho no siente estrés ni angustia. Es fundamental respetarle sus ciclos de sueño y dejarlo descansar. Los niños que no duermen o que no comen bien pueden volverse irritables, agresivos y angustiados; también pueden tener problemas de salud, sentirse inseguros y solos en el mundo. La buena alimentación, el descanso y la protección le permiten al pequeño disfrutar el momento, reírse y aprender. Un menor que tiene hambre o cansancio no puede concentrarse ni lograr un objetivo. Organizarle sus horarios es también muy importante porque las rutinas le ayudan a sentirse seguro frente a la vida, lo cual es clave para que crezca tranquilo y confiado.

6. El reconocimiento de sus emociones

Las emociones y los sentimientos no son buenos o malos en sí mismos, tan solo se sienten. Educar emocionalmente a un hijo es mostrarle qué hacer con lo que siente y cómo expresarlo, no obligarlo a sentir diferente. Por eso, cuando un niño está triste o con rabia, por ejemplo, no se le debe decir que no se sienta de esa manera; lo que se debe hacer es validar el sentimiento con frases como “entiendo que tienes rabia y tienes derecho a sentirla, pero no puedes tirar los juguetes”. Cuando los padres respetan a su hijo, le enseñan que sus emociones tienen sentido, que lo comprenden y lo pueden ayudar, lo cual le da fortaleza y tranquilidad. Esta enseñanza es clave para su buen desarrollo emocional porque le ayudará en el futuro a tener una mejor relación consigo mismo y con los demás; también le ayudará a regular su comportamiento para convivir con respeto y armonía.

7. Su autoestima

Un pequeño aprenderá a quererse a sí mismo en la medida que logre sentirse seguro y capaz, que reconozca sus aciertos y equivocaciones, en que descubra que puede aprender con gozo y alegría. Eso no se logra diciéndole al niño que es perfecto, sino dejándolo crecer, evolucionar y dándole la opción de intentar y conocer. Si un niño siente muchos miedos, si no se le deja explorar, preguntar, averiguar mediante la palabra y con su cuerpo, no aprenderá qué puede hacer en la vida y esto lo hará sentirse muy mal consigo mismo. Es importante velar porque el niño intente cosas nuevas con ánimo, con alegría, y no lleno de angustias y miedos; esto es posible cuando se le alienta con frases y hechos para que obtenga logros de acuerdo con su edad. Un niño que no se quiere no se ríe, no se muestra tranquilo, no se relaciona fácilmente con otros y es temeroso.

8. Su capacidad para crear vínculos

Cuando un niño establece desde pequeño relaciones estables y seguras con los adultos que lo   cuidan y lo rodean, cuando descubre que puede contar con alguien más, es tranquilo y sano emocionalmente. También será capaz de establecer mejores relaciones con sus pares cuando llegue el momento de compartir con ellos, ya sea porque llegan hermanos a su vida o porque ingresa a un jardín infantil o al colegio. Las relaciones en las que el pequeño establece contacto físico con abrazos y besos, en las que puede ser él mismo sin miedos y sin prevenciones, son claves para su bienestar emocional. Un niño que crece acompañado y cuidado, que es capaz de relacionarse con otros desde bebé ya sea con su mirada, mediante el tacto, el llanto o las sonrisas, luego con sus movimientos y con sus palabras, es un pequeño sano y alegre, que logra comunicarse con el mundo y con las personas que lo rodean.

9. El desarrollo de su personalidad

Cada niño es único y es clave que muestre quién es: que sea auténtico y se permita a sí mismo la expresión de su singularidad. Un pequeño que no da cuenta de lo que le gusta y no muestra iniciativa para desarrollar sus intereses puede no estar a gusto con lo que es, no sentirse en un ambiente seguro y protegido o tener miedos. Es bueno no confundir esto con la timidez o con ser una persona reservada, en cuyo caso esto debe respetarse totalmente porque pueden ser rasgos de su manera de ser. Es bueno que el adulto permita la expresión de lo que hace especial a cada niño, porque un pequeño que puede ser él mismo es sano emocionalmente, tranquilo y seguro; además, aprende a confiar en los demás y en el mundo que lo rodea, así como conocerse mejor a sí mismo, conectarse mejor con lo que siente y expresar mejor sus ideas y emociones.

10. La expresión de sus sentimientos

Cuando un niño encuentra limitaciones para expresar lo que siente puede volverse silencioso, retraído, agresivo y tener dificultades para relacionarse con sus pares. Es necesario que aprenda maneras de exteriorizarse o que pueda identificar emociones en otros para reconocer las propias. Esto se logra mediante el arte, el juego y las historias. Es bueno que pueda pintar y hacer trabajos manuales; que le lean cuentos; que pueda hablar, llorar y reír, y que encuentre en el adulto que lo cuida abrazos y contención. Esta última palabra significa que el menor sienta que sus emociones no lo desbordan, que no son superiores a él, y para ello debe encontrar respuesta en un adulto seguro y sereno. No se trata de analizar todo lo que el niño siente, sino que pueda expresarse sanamente. Él irá encontrando formas apropiadas de acuerdo con su edad. Cuando sea bebé, llorará; luego podrá señalar, pintar, untarse, escuchar música, cantar, bailar, jugar o hablar.

 

 

 

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