Comportamiento

Claves para que tu hijo sea disciplinado

Fijarle límites claros, realistas, coherentes y amorosos a tu hijo es educarlo para que aprenda a moverse seguro por el mundo y le ayuda a su cerebro a aprender

/ 24 de Noviembre de 2016
Claves para que tu hijo sea disciplinado        
   
                           
     
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Dos de las pautas que la psicóloga experta en crianza Annie de Acevedo señala como fundamentales para ser mejores padres son: “fijar normas de comportamiento claras, pues los niños deben saber a qué atenerse, y toda familia debe tener una estructura clara. Los padres son los encargados de dirigir a los hijos. Esto se puede lograr con firmeza, pero siempre con cariño y respeto”.

La educadora Juliana Gallo, directora del jardín infantil Hans Andersen, ratifica que los límites son fundamentales para que los niños crezcan bien y sepan cómo enfrentar el mundo. Sostiene, además, que la claridad de las normas y la seguridad con la que estas sean comunicadas son indispensables para la buena educación del niño durante sus primeros años de vida.

Lo que hace la buena disciplina en la vida de un niño es que lo guía, lo orienta, lo contiene y le da seguridad. La tarea de los padres es establecer normas claras, sencillas, realistas y realizables. Si, por ejemplo, consideras que tu pequeño se debe acostar todos los días a las siete de la noche, se lo debes informar y mantenerte en la decisión.

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¿Cómo hacerlo?

Annie de Acevedo escribe que las investigaciones más recientes muestran que los niños están diseñados para conectarse con otros, y entre más conectados se sientan “mejor se van a portar y va a ser más fácil guiarlos hacia una convivencia sana y armoniosa. Para hacer esto necesitamos en casa una disciplina efectiva que les ayude a sentirse conectados y queridos por los padres. Una vez establecida la conexión, podemos entrar a corregir.

Se corrige siempre de manera firme, pero amable. Se construye y no se destruye. Se llega a acuerdos sobre ciertos límites y se cumplen: es enfocarse en buscar soluciones en vez de imponer castigos. Ni lo autoritario ni lo permisivo sirven para darles fuerza y destrezas sólidas de independencia a nuestros hijos”.

La disciplina empieza desde que son muy pequeños, con el establecimiento de rutinas como la hora del baño, del sueño, las horas de comer y de jugar. Cuando ya están en edad preescolar, aparecen nuevos horarios para levantarse, acostarse, ir al jardín, tomar onces y regresar.

Mantener esta cotidianidad es una forma de fijar una disciplina y un orden en la vida de los pequeños. También los ayuda tener una secuencia en lo que se hace, por ejemplo siempre lavarse los dientes y leerles un cuento antes de dormir.

Las funciones ejecutivas de tu hijo

Estos procedimientos, que pueden verse como pequeños y obvios, son fundamentales porque van creando en el cerebro del niño procesos mentales que le enseñan a seguir un orden para lograr un objetivo, cumplir metas y memorizar los pasos para terminar una tarea.

El cerebro realiza una serie de funciones que se denominan ejecutivas, habilidades con las que se logra una meta. Estas permiten planificar, es decir, elegir estrategias para logra un objetivo; ser capaces de iniciar, desarrollar y finalizar una acción; prever consecuencias y situaciones inesperadas; cambiar planes; controlar y administrar el tiempo; supervisar si algo se hace bien o no, y evitar las distracciones por estímulos de poca importancia, entre otras cosas.

Estos procesos se adquieren a medida que el cerebro madura y también con la organización de la vida de los niños en tareas, con seguimiento de horarios y rutinas. Es importante enseñarles que hay un tiempo para todo y que los objetivos se logran con procesos.

Juliana Gallo explica, por ejemplo, que a la hora de almorzar en su jardín los niños siempre deben tomar su delantal del perchero, ir a la mesa donde están los individuales, escoger el que les gusta y ahí sí sentarse a la mesa. Estas son formas cotidianas y naturales de ayudar al cerebro. En casa se pueden hacer actividades como preparar una receta, lo cual tiene un orden específico.

Así las cosas, la disciplina va más allá de decir qué está bien y qué está mal, es también una forma de enseñarles a los niños a organizar tareas para lograr metas y al cerebro a desarrollar esas funciones que tanto necesita para vivir el día a día.

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