Comportamiento

Señales de alerta para reconocer el matoneo

Padres y maestros deben estar atentos para identificar el maltrato

/ 15 de Octubre de 2013
Señales de alerta para reconocer el matoneo        
   
                           
     
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Cuando Martha empezó a ver que su hija de 13 años ya no volvió a salir a hacer deporte, pasaba las tardes durmiendo, no se interesaba por sus tareas y a veces lloraba largo rato, se dio cuenta de que algo estaba afectando su autoestima, relaciones interpersonales y desarrollo.

Efectivamente, Laura era víctima de bullying, “uno de los síntomas más arraigados en la sociedad actual. Producto de una distorsión de autoridad y de los cambios en la estructura de familia”, dice Gloria Eugenia Hincapié Rivera, psicóloga con magíster en Educación y desarrollo humanístico, y docente universitaria en varias instituciones de Medellín.
Que el fenómeno sea más visible hoy, añade la doctora Hincapié, “tiene que ver con que los seres humanos asumen posiciones de acuerdo con la cultura del momento, que es la que crea los esquemas y la estructura social, lo que junto con la declinación de la figura paterna dan pie a vacíos en el ejercicio de la autoridad”.

Por otra parte, para César Sierra, director de la Escuela de Educación del Politécnico Grancolombiano, el origen del problema radica “en las pautas de crianza y formas de relación familiar que se están dando. Es allí donde se generan las dinámicas que llevan a que los niños reflejen el entorno positivo o negativo de sus hogares, en los colegios”.

¿Qué hacer?

El maltrato, acoso e intimidación escolar, así como el “bullying, llamado también matoneo, pueden llegar hasta la agresión física, sin distinguir estratos sociales, y agrediendo de manera psicológica, social o cibernética (cyberbullying). “El matoneo como tal puede evidenciarse, aproximadamente, desde los 7 años en adelante; aunque a veces, los niños más pequeños dejan ver conductas de agresividad, burla y discriminación”, indica el doctor Sierra. “Dependiendo de la clase social, el modo de agresión frente a los pares cambia. Así, podemos hablar de maltrato físico y reiterado en estratos bajos, y en los estratos altos se llega inclusive a la extorsión, otro escenario de violencia e intimidación”.

Ahora bien, para detectar que un niño está siendo víctima o agresor, los padres deben estar atentos a las señales. “En la casa se puede percibir a un niño agresor porque siempre está rivalizando con los otros, hace bromas de mal gusto y la interacción con sus similares se basa en el desprestigio, y van en contra de la figura de autoridad”, puntualiza la doctora Hincapié.

En el colegio, este niño es negativo en sus apreciaciones. “Su defensa es agredir a la víctima opacándola, y con esa actitud busca tapar aquello en lo que él tiene deficiencias”, añade. Entre tanto, los niños víctimas, como Laura, pierden de manera abrupta el interés por estudiar, sienten miedo de ir al colegio, se enferman, inventan excusas, lloran sin razón aparente, y el rendimiento académico puede empezar a bajar. “No disfrutan de actividades lúdicas, de los juegos y se aíslan, convirtiéndose en niños introvertidos. En la casa tienden a responder con monosílabos y a estar a la defensiva frente a las preguntas sobre su estado de ánimo y sus obligaciones”, dice Sierra. En el caso de Laura, ella decidió hablar con su madre y contarle del acoso de una de sus compañeras, quien además instó a otras niñas para que también la discriminaran, no solo de manera verbal sino a través de las redes sociales.
Martha se acercó al colegio, planteó la situación, y en coordinación con un grupo interdisciplinario se inició la intervención. Hoy asisten a reuniones periódicas, tantos los padres como las niñas involucradas, trabajando sobre la resolución de conflictos y el respeto por las diferencias.

Finalmente, Ana María Cardona Jaramillo, directora de la especialización de Psicología educativa de la Universidad de La Sabana, dice que en algunos casos quedan secuelas en el comportamiento tanto de las víctimas como de los agresores. “Por ejemplo, los primeros pueden presentar problemas para socializar e integrarse en grupo a lo largo de la vida. Entretanto, los que agredían tienen dificultad con la disciplina, la responsabilidad, el empoderamiento y la autoridad”.

Tenga en cuenta, analice y actúe

1. Confianza y amor

En el hogar exprese a su hijo afecto y compañía para que tenga la confianza de contarle si está siendo intimidado o agredido. Si esto está sucediendo, eleve su autoestima y ayúdelo a entender que nadie puede hacerlo presa ni de la frustración ni el miedo.

2. Asesoría profesional

De presentarse el ‘bullying’, los padres deben asesorarse de profesionales que involucren a la familia, estableciendo si el origen de las conductas irregu- lares de los niños está en casa para tomar, con la asesoría de expertos, los correctivos a que dé lugar. Piense que los niños reflejan lo que ven en su hogar.

3. Estrategias lúdicas

En el colegio, las directivas y profesores deben implementar talleres periódicos para abordar el tema y diseñar estrategias encaminadas a detectar focos de violencia. Además, abrir espacios lúdicos para la sana interacción y el reconocimiento de las diferencias en ideas y actitudes.

4. Actividades humanitarias

Las instituciones deben buscar canales para aflorar sentimientos
en los alumnos. Por ejemplo, actividades sociales y humanitarias en las que se puedan abordar otras problemáticas, que dejen entrever actitudes reprimidas para descubrir conductas agresivas o intimidantes en los niños o jóvenes.

 

 

 

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