Desarrollo

Así se comporta tu hijo a los 5 años

En el quinto año de tu pequeño podrás notar con orgullo cómo comienza a escribir. Sin embargo, la estimulación debe darse correctamente y de manera anticipada.

/ 22 de Julio de 2016
Así se comporta tu hijo a los 5 años        
   
                           
     
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Aprender a leer y a escribir depende de una buena estimulación que reciba tu niño desde pequeño. “Debe haber motivación por parte de padres y maestros. Durante el embarazo, la madre debe leerle cuentos y escuchar música. También son importantes los procesos de aprestamiento en el preescolar”, afirma Myriam Fajardo, administradora en educación, licenciada en pedagogía y rectora del Colegio Gimnasio Campestre de Guilford.

Como explica la experta, este debe ser un proceso alegre, agradable y significativo para tu niño. Así,

actividades como leer y escribir su nombre o los de papá y mamá no se volverán una tortura. De igual manera debe suceder con las tareas para hacer en casa enviadas desde el colegio.

“Las primeras evidencias de la escritura del niño son sus garabatos o sus dibujos, que deben ser respetados y no modificados por lo que el adulto quiere ver. Deben ser motivo de alegría y de iniciación de un proceso adecuado”, agrega Fajardo.

Por su parte, la terapeuta ocupacional María Andrea Arévalo Jiménez afirma que “los niños empiezan a escribir a través del desarrollo de las destrezas de procesamiento sensorial y perceptual que se presentan en la visión y la audición”. Esto significa que a través del juego empiezan a representar con su cuerpo o con elementos del medioambiente las formas de las letras, a hacer lectura de imágenes y pictogramas, y a reconocer y discriminar sonidos.

Según Arévalo, a medida que los niños crecen van incluyendo en su repertorio vocales como la ‘i’, tanto en la lectura como en la escritura, pues es la que tiene la forma más fácil. Luego la ‘u’, seguida de la ‘e’, la ‘a’ y finalmente la ‘o’, aunque este orden no es una camisa de fuerza.

“Posteriormente, adhieren las consonantes y las asocian a contextos cotidianos como hacer una receta, escribir una historia y narrar un cuento, entre otros”, asegura la terapeuta. Por otro lado, María Aránzazu Micolta Palacios, asesora y educadora de preescolar, aclara que hoy día existen muchas formas para enseñar la lectoescritura, y una de ellas es la metodología global, que trabaja con palabras apoyadas en imágenes que las identifiquen para que el niño comprenda el concepto desde el principio.

“Para ello, los profesores llenan la clase de carteles con palabras –el nombre de cada alumno escrito en su mesa y en su perchero, el nombre de cada objeto del aula– que tengan relación con el mundo de los pequeños. Así, gracias a su memoria visual, los niños reconocen letras e incluso frases. Si el pequeño ve una palabra escrita debajo de un dibujo del sol, sabe de qué palabra se trata, aunque no sepa qué letras son la ‘s’, la ‘o’ y la ‘l’”, añade Aránzazu.

Una labor de casa y del colegio

Hoy en día, muchos colegios siguen optando por la enseñanza tradicional de la lectoescritura. “Se inicia con la fonética, con la cual se les presentan las vocales en el orden i, u, e, a, o; luego se enseña el sonido, el ‘grafema’ (que es la letra como tal, con su forma o grafo); después se incluye la estructura ‘silábica’, que trae consigo las consonantes, y finalmente la ‘global’, en la que a partir de un nombre o palabra significativa se pueden derivar más palabras. Por ejemplo, de Tomás se puede derivar tomate”, afirma la terapeuta ocupacional María Andrea Arévalo Jiménez.

Sin embargo, en casa puedes apoyar el proceso de tu hijo generando ambientes organizados donde haya un espacio estructurado de lectura en familia a diario y, a medida que el niño va aprendiendo y consolidando el código lectoescrito, podrá involucrarse participando más activamente.

“Por ejemplo, a partir de imágenes les pueden pedir a sus hijos que creen, narren y escriban historias. Se les puede generar el hábito de llevar un diario; que sean los encargados de escribir el mensaje de cumpleaños en la tarjeta para un ser querido, entre otras”, agrega Arévalo.

El monstruo de las matemáticas

Mamá y papá, expertos señalan que el desarrollo del razonamiento lógico matemático es fundamental, al igual que la estimulación verbal para posibilitar y potenciar el desarrollo del pensamiento numérico, pues se constituye en un área vital para desarrollar la abstracción.

“Existen contextos tanto escolares como familiares que están más preocupados porque el niño memorice números, sin ningún sentido o aplicabilidad a la vida diaria, en vez de permitir una correcta interiorización de conceptos clave que les permitan a los niños, a través de diversas situaciones, vivenciar la funcionalidad y encontrar el sentido de lo que están aprendiendo, dando paso al desarrollo de la competencia”, asegura la terapeuta ocupacional.

Este ‘karma’ también se puede generar por experiencias poco placenteras vividas por los padres durante el aprendizaje de las matemáticas, que, finalmente, lo único que logran es desmotivar al niño e imprimir altos montos de ansiedad en él, generando así pensamientos negativos preconcebidos y altas expectativas de fracaso.

Para esto, Myriam Fajardo propone que las metodologías de enseñanza de las matemáticas estén enfocadas a la lúdica y al juego, con maestros que los motiven y que identifiquen sus fortalezas

y logren entender los conceptos. En su concepto, María Aránzazu Micolta Palacios propone que se comience por los conceptos de manera vivencial. “Por ejemplo, si le enseñas a tu hijo el concepto largo y corto, muéstrale dos lazos, uno largo y el otro corto, y luego pregúntale: ¿cuál es el más largo? Después ya puedes pasar al libro o al cuaderno”, afirma.

Por su parte, Arévalo Jiménez propone un cambio en el discurso de los padres sobre la complejidad de las matemáticas. “No todas las personas aprendemos igual, y así no nos guste debemos desarrollar el razonamiento matemático de manera natural, desde casa y en el colegio y, como en todo, si los niños escuchan a los padres decir que es muy difícil, ellos así lo entenderán; por ello, si se cambia el discurso y se promueve la aplicación de la lógica, entendida como “sentido común”, tendremos niños analíticos, capaces de pensar y razonar con números, ecuaciones y problemas matemáticos, vistos de manera natural y sin crear temor”, finaliza la terapeuta.

 

 

 

 

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