¿Sabes cómo hablar a tus hijos para que den lo mejor de sí?

Lo que dices a tu hijo causa efectos en su cerebro y su comportamiento ¡Ten cuidado!

¿Sabes cómo hablar a tus hijos para que den lo mejor de sí?
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Por: Abcdelbebe.com
septiembre 29 de 2017 , 05:38 p.m.

“Eres el niño más inteligente”, “Te amamos más que a la vida”, “¿Por qué no haces nada bien?”, “¿Cuándo vas a aprender?”… Es posible que en algún momento hayas utilizado alguna de estas frases con tus hijos, seguramente, sin pensar en el efecto que pudieran tener sobre tus pequeños.  

Efectivamente, las palabras, el tono y el contenido puntual de lo que dices a tus hijos, crea en ellos un impacto positivo o negativo y, lo que es más importante, moldea su forma particular de expresarse y sentir.

Como la voz de la madre se convierte en la voz interior del niño, es importante que esta sea amorosa, justa y precisa”. Este es, en palabras de Ximena Silva, psicóloga familiar sistémica y transpersonal, el valor fundamental de las palabras dichas por los padres a sus hijos. Ya que,  de cómo los adultos hablen a sus niños, ellos se hablarán a sí mismos.

Si dices a tu hijo todo el tiempo que es malo, tonto o incapaz, él terminará por decirse a sí mismo estas palabras y creer que realmente lo es. No obstante, no significa que si siempre se le dice que es brillante o que es el mejor, en efecto lo sea o lo vaya a ser.

Lo que tu pequeño necesita en realidad es que las palabras de sus padres sean sinceras y describan la verdad, aquello que es sin exagerar, minimizar o maximizar sus cualidades o defectos. Además, hay que ser enfáticos en que los niños conocen cuándo les mienten y cuándo solo tratan de congraciarse con ellos.

Cuidado con calificar

En esa medida, por ejemplo, dice la doctora Silva: “si tu niño hace un dibujo sin mayor esfuerzo y tú o todos en casa le dicen que es lo máximo, pero él tiene claro que no lo es, podrá llegar a creer que le mienten. Por el contrario, si sabes que tu pequeño ha hecho ese dibujo sin cuidado para salir del paso, puedes decirle algo como ‘están lindos los colores que usaste, pero pregunto: ¿fue ese tu mejor esfuerzo?’, y así le ayudarás a cuestionarse y a hacer las cosas a conciencia y con gusto. Lo más probable es que te responda que no lo ha hecho bien y, como consecuencia, confiará más en ti porque sabe que siempre le dices la verdad”.

Al corregir a tu hijo es muy importante que le digas exactamente qué fue lo que hizo mal, sin arandelas, sin generalidades, sin exageraciones. Si mintió, basta con decirle que dijo una mentira, explicarle por qué lo hizo mal y cómo lo debe hacer correctamente. Ahora bien, debes entender que si el niño dice una mentira no significa que sea mentiroso. Desafortunadamente, si la madre le dice todo el tiempo a su hijo que es mentiroso, él terminará convirtiéndose en uno.

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Las palabras los definen

Como explica la psicóloga Silva, “las palabras nos definen, y las primeras que nos encontramos en la vida son las de los padres, luego están las de los profesores y después, las de los pares”. Así, durante los primeros años de vida, cuando se siembran las bases de la conducta, esas palabras serán las definiciones que se queden en la mente del niño. Por ello, a la hora de hablar a tus hijos ten en cuenta:

Intenta no cualificar a la niña: esto aplica para las hijas mujer, por las cosas que hacen. No le digas que no se suba al árbol, pues es cosa de niños; tampoco, que no se ponga brava porque entonces parece un niño, o que haga o no, esto o aquello porque las mujeres se deben comportar. Ser hombre o mujer va más allá de lo que cada quien realice. Todos tienen el mismo derecho a elegir.

Nunca lo definas:deja que tu niño comparta contigo sus emociones. Elimina de tu vocabulario expresiones como “eres un llorón”, “eres malgeniado”, “eres un gritón” o “un furioso”.

Procura no calificar:si tu hijo varón llora, nunca le digas que parece una nena, que los hombres no lloran, que se comporte como un hombre. Los niños tienen tanto derecho como las niñas a la expresión de sus sentimientos y deseos. Llorar no los hace débiles; sencillamente humanos, y el derecho a la expresión de las emociones no es exclusivo de las mujeres. Tampoco le digas que no juegue con las ollas porque la cocina es para las niñas. Las definiciones de hombre y mujer en la sociedad han cambiado radicalmente, y tanto unos como otros están en las mismas condiciones.

Háblales de manera positiva: es mejor que al hablar sobre algo con tu hijo, le digas que puede mejorar y enseñarle cómo, en vez de decirle que no es capaz. No le digas siempre que no, y más bien preséntele opciones. Prefiere frases como: “todavía la bicicleta te queda grande”, “juega mejor en el triciclo” o “por favor pinta en este papel blanco y no en mi libreta de anotaciones”.

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Cuando les hables:no te dirijas a tu niño ‘desde las alturas’, es decir, tú de pie y él sentado. Agáchate hasta estar a su nivel o ponte a su lado. Si tú hijo es bebé, háblele mientras lo llevas en brazos. Cuando crezca, siéntelo en tus piernas. El contacto físico es importante.

Jamás le hables mal de tu pareja:para los hijos, ambos padres son importantes y merecen su cariño. Si pones a tu hijo en el medio, no sabrá qué hacer y creerá que debe traicionar a uno para merecer el cariño del otro. Los niños saben lo que ven, hacen sus propios juicios y cuando crecen, construyen una visión de sus padres como personas y como esposos. Frases como: “es que tu papá es...”, “es que tu mamá no entiende que...”, solo lo confunden.

Háblale con amor:si vas a corregir a tu hijo, no lo grites ni uses groserías. Esto lastima su autoestima y lo deprime. Si estás muy alterado (a), dile a tu hijo que en ese momento no van a hablar, que lo harán más tarde. Si está estresado, explícale que vaya a descansar un rato antes de charlar. Cuando lo corrijas, míralo a los ojos y háblele con calma. No lo señales con el dedo; mejor tómalo de la mano.

Jamás generalices una acción:no puedes definir toda la personalidad de un niño por un solo hecho equivocado. Si el niño mintió, no le digas que es mentiroso, solo que dijo una mentira y que eso no está bien.

Dile exactamente lo que quieres que diga:no des rodeos, si quieres que el pequeño recoja los juguetes, dile: “recoge ya tus juguetes”, pero no argumentes innecesariamente, como: “me parece que este cuarto está desordenado y tú no pones de tu parte en la casa”, “yo siempre hago todo, me toca sola y aquí nadie me presta atención”.