Dilo todo, pero con amor

Si los padres le dicen a su hijo todo el tiempo que es malo o tonto o incapaz, él terminará por decirse a sí mismo las mismas palabras y creerá que realmente es

Dilo todo, pero con amor
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Por: María Elena Vélez
noviembre 21 de 2016 , 05:29 p.m.

Si los padres le dicen a su hijo todo el tiempo que es malo o tonto o incapaz, él terminará por decirse a sí mismo las mismas palabras y creerá que realmente es malo, tonto o incapaz. No obstante, esto tampoco significa que si siempre se le dice que es brillante o el mejor, en efecto lo sea o lo vaya a ser.
Lo que él necesita es que las palabras de los padres cuenten lo que realmente es, porque sabe diferenciar cuando le mienten y cuando solo tratan de congraciarse con él. En esa medida, por ejemplo, si un niño hace un dibujo sin mayor esfuerzo y su madre le dice que es lo máximo, pero él tiene claro que no es cierto, podrá llegar a creer que su madre miente.
Tal vez si ella sabe que su pequeño lo ha hecho para salir del paso puede decirle algo como ‘están lindos los colores que usaste, pero pregunto, ¿fue ese tu mejor esfuerzo?’. Lo más probable es que el niño responda que no lo ha sido y, como consecuencia, confiará más en su madre porque ya sabe que ella le dice lo que verdaderamente es.
Por esto, a la hora de hablarles a tus hijos:
- Jamás generalices ante una acción equivocada. No puede definirse toda la personalidad de un niño por un solo hecho. Si el niño mintió, no le digas que es mentiroso, sino que dijo una mentira.
- Nunca definas a tu niño por las expresiones de sus emociones. Elimina de tu vocabulario expresiones como ‘eres un llorón’, ‘eres un malgeniado’, ‘eres un gritón’ o ‘eres un furioso’.
- Procura no calificar a tu hijo hombre cuando llora. Nunca le digas que es una nena, que los hombres no lloran, que sea varón o que se comporte. Los niños tienen tanto derecho como las niñas a la expresión de sus sentimientos y deseos. Llorar no los hace débiles, sencillamente humanos, y el derecho a la expresión de las emociones no es exclusivo de las mujeres. Tampoco le digas que no juegue con las ollas porque la cocina es para las niñas. Las definiciones de lo que es hombre y mujer en la sociedad han cambiado radicalmente y tanto unos como otros están en las mismas condiciones.
- Intenta no cualificar a tu hija mujer por lo que hace. No le digas que no se suba al árbol pues es de niños, tampoco que no se ponga brava porque entonces parece un niño, o que no diga lo que siente porque las mujeres se deben comportar. Ser hombre o mujer va más allá de lo que cada quien haga. Todos tienen el mismo derecho a elegir. 
- Habla de manera positiva. Es mejor decir que puede mejorar y enseñarle cómo, en vez de decirle que no es capaz. No le digas siempre que no, y más bien preséntale opciones. Prefiere frases como: todavía la bicicleta te queda grande, juega mejor en el triciclo o mejor pinta en este papel blanco que en mi libreta de anotaciones.
- Jamás le hables mal de tu pareja: para los hijos, ambos padres son importantes y merecen su cariño. Si pones a tu hijo en el medio, no sabrá qué hacer y creerá que debe traicionar a uno para merecer el cariño del otro. Los niños saben lo que ven, tienen sus propios juicios y cuando crecen construyen una visión de sus padres como personas y como esposos. Frases como ‘es que tu papá...’, ‘es que tu mamá...’ solo confunden a los niños.
- Dilo todo con amor. Si vas a corregir a tu hijo, no lo grites ni uses groserías. Esto lastima su autoestima. Si estás muy alterado, dile a tu hijo que en ese momento no van a hablar, que lo harán más tarde. Si estás estresado, explícale que vas a descansar un rato antes de charlar. Cuando lo corrijas, míralo a los ojos y háblale con calma. No lo señales con el dedo, mejor tómalo de la mano.
- Di exactamente lo que debes decir. No les des rodeos a tus ideas. Si quieres que el pequeño recoja los juguetes, díselo. No te extiendas en argumentos como: ‘me parece que este cuarto está desordenado y tú no pones de tu parte en la casa’, ‘yo siempre hago todo, me toca todo sola y aquí nadie me presta atención’, ‘ahora sí me vas a hacer caso’, ‘es responsabilidad de todos la casa’, ‘yo no vivo sola’, ‘vas a recoger tus juguetes’.
- Si crees que con decirle siempre que todo está bien lo haces fuerte, estás equivocado. La verdad hace fuertes a los seres humanos desde la infancia. Si él ha hecho algo mal, debes decirle qué hizo. De la misma manera, si ha hecho algo maravilloso, dile que lo es.
- Cuando les hables a tus hijos no lo hagas ‘desde las alturas’: tú de pie y él sentado. Agáchate hasta estar a su nivel o siéntense juntos. Cuando es bebé, háblale mientras lo llevas en brazos. Cuando crezca un poco más, siéntalo en tus piernas. El contacto físico es importante.