S.O.S con las abuelas ‘intensas’

Cómo actuar frente a esta situación y qué hacer sin causar daño.

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Por: Karen Johana Sánchez
agosto 22 de 2016 , 03:07 p.m.

La pequeña de Juan hizo pataleta. Cuando intentó alzarla, su suegra se la rapó de las manos porque, según ella, al alzarla la estaba maltratando, cosa que para él era inexplicable pues tan solo quería hacerle caer en la cuenta a la pequeña que estaba actuando mal; sin embargo, la abuela no le permitió, en ese momento, desempeñar el papel de papá. 

A Laura* le ocurre algo muy similar con su madre. Cuando debe realizar alguna diligencia sin su hija, su mamá le reclama por no estar con ella. Incluso, cuando la pequeña tenía 6 meses, se opuso a que trabajara, argumentando que aunque ella sabía que a muchas madres les tocaba dejar a su hijos, su nieta tenía la posibilidad de estar todo el tiempo con la mamá. 

Esta situación es más común de lo que se piensa. Existen abuelos, en su mayoría, abuelas, que interfieren en la educación de sus nietos, pasan sobre la relación de una pareja y asumen funciones que no les corresponden, sin previo acuerdo. Se vuelven obsesivas, a tal punto que pueden apropiarse de su nieto como su hijo. 

Las causas 

Rocío Hernández, psicóloga clínica, especializada en crisis y facilitadora en constelaciones familiares, cita tres razones por las cuales una abuela puede obsesionarse con educar y cuidar a su nieto. La primera es porque quizás se siente sola, vio que terminó su tarea como mamá y no tiene otra labor que la haga sentir plena. “Han disfrutado muchísimo su papel, el cuidado que tuvieron con sus hijos y les cuesta trabajo delimitar el del nieto porque aman profundamente el papel de ser madre”, explica. 

Otra razón es la estructura psicológica. Hay personas con un papel salvador; quieren y necesitan intervenir permanentemente en la vida de los demás con la creencia de que los necesitan. Dice Hernández, “quieren orientar al hijo, intervenir y tomar decisiones porque están convencidas que tienen las soluciones”. 

Y existen aquellas que quieren ayudar, pero de una forma autoritaria, porque están convencidas de que ellas lo hicieron muy bien, los resultados fueron grandiosos, son psicorrígidas, “el mundo empezó y acabó en su época”, entonces quieren educar a los nietos como educaron a sus propios hijos. Y muchas veces, añade la especialista, los padres de los niños, al estar ante figuras tan autoritarias, tampoco han tenido la oportunidad de desarrollar una personalidad autónoma y permiten la invasión de los abuelos. 

Margarita Mendoza Burgos, psiquiatra infanto-juvenil y terapeuta de familia, añade que estas abuelas generalmente son perfeccionistas, con metas altas, pero también pueden sentir que ‘la vida les da una segunda oportunidad’, a veces, de mejorar lo que no hicieron con sus propios hijos o porque se sienten más expertas. 

La médica psiquiatra y psicoterapeuta Rocío Barrios dice que también pueden existir alianzas. Hijas que se apoyan en las madres para el cuidado de sus hijos, incluso más que en los hombres. 

En este sentido, la situación también puede darse porque los padres delegan sus funciones a terceros y, cuando reclaman sus derechos, el problema es más complejo. 

Cabe aclarar que las abuelas, en general, actúan por amor, no por hacer daño, pero, dice Hernández, es un amor desorganizado, que no ve que está causando problemas y trasgreden el equilibrio del sistema familiar y la salud psicológica y emocional. 

Actuaciones y conflictos

Esta clase de abuelas se apropian de tareas de los padres y no piden permiso. Por ejemplo, bañar al niño sin consentimiento.  

De una u otra manera, dice la doctora Barrios, están descalificando lo que los hijos hacen hacia ese nuevo bebé. A veces ofrecen ayuda, pero en realidad pueden subestimar, negar o cuestionar lo que los padres hacen. También pueden hacer críticas constantes. 

Por ejemplo, los padres de Juan apodan a su nieta como ‘Cachetes’; él dice que es una muestra de cariño, pero su suegra insiste en que así la maltratan y reacciona agresivamente. Laura, por su parte, recuerda que alguna vez su madre se indispuso con la familia porque le decían que estaba malcriando a su nieta, incluso al dejarse pegar ella sin llamarle la atención. Su mamá reaccionó defensivamente, argumentando que todos creían, entonces, que lo correcto era gritar y maltratar a la niña. 

Esta situación genera conflictos, en un comienzo, con la pareja. Las nueras o yernos pueden sentir a las abuelas como intrusas y sobreprotectoras, y comenzar a tener discusiones. Cualquier persona ajena a la pareja puede alterar su dinámica. Además, se trata de la mamá del otro, y, como hijos, no van a querer ofenderla. 

A veces se generan chantajes, entonces lo hijos no quieren ver sufrir a su madre y permiten estas actuaciones. Les da culpa confrontarla o vergüenza desautorizarlas, lo que genera más malestar. 

“Se trataba de su mamá, y no era fácil hacerle ver a mi pareja que actuaba inadecuadamente. La relación con mi suegra ya no es igual de abierta y, por ello, los dos ya no compartimos el mismo tiempo, para no estar cerca a mi  suegra”, cuenta Juan. 

Pero, además, aparecen graves efectos en el niño. “Cuando los abuelos se apropian del papel de padres, estando mamá y papá presentes, trasgreden la ley del orden, excluyen a los papás, casi que les roban el derecho de vincularse con él, y esto afectará al niño profundamente”, dice Rocío Hernández.

Agrega que, en lo profundo, los niños se sienten huérfanos. Suelen apreciar mucho lo que los abuelos hicieron por ellos, pero reclaman la vinculación de los padres y se sienten desorientados porque crecen en medio de la controversia. Aprenden a manipular, o no desarrollan una estructura de personalidad. 

Margarita Mendoza afirma que el pequeño también puede deprimirse, ir mal en el colegio, incluso tener regresiones en su desarrollo, etc. También pueden verse irritables cuando la abuela no está junto a ellos. 

Manos a la obra… 

Es necesario actuar, incluso antes de que se presente esta obsesión de las abuelas por sus nietos. Si ven que existe alguna intromisión, deben tratarlo amorosamente, agradeciéndole a esa persona todo lo que hace por sus hijos, pero dejando claros los límites que, aunque ponerlos siempre será incómodo, las expertas coinciden en que si no se hace tiempo la situación empeorará. Hacer conciencia de no entregar la responsabilidad del hijo a los abuelos para no llegar a episodios desagradables. 

Pero si llegase a suceder, lo primero que se debe hacer es hablar en pareja de la situación, sin agresión y con mucha comprensión. “El yerno o la nuera deben comprender que es la mamá de la pareja, la quiere y será incómodo o doloroso –dice la doctora Hernández–.

Pero también hay que escuchar la molestia del otro”. 

Después, lo recomendable es que el hijo o la hija hablen directamente con el papá o la mamá. Decirle que saben que lo que hacen es por amor, pero que los padres son ellos. Las reacciones ante esto son variadas, die Hernández: “algunas lo van a reconocer, otras se van a sentir agredidas, pero llegarán a comprenderlo después. O lo pueden tomar muy mal, caso en el que hay que pedir ayuda para identificar por qué les cuesta trabajo ver a sus nietos como nietos, y no como hijos”. 

Se recomienda tomar las cosas con calma e ir actuando con acciones que den a entender el cambio de la dinámica de cuidado y educación, y logren un equilibrio con la abuela. Como dice Barrios, es usar ‘trucos’ para que la situación no se convierta en una batalla campal, como las visitas periódicas, dejar a cargo al niño con otro familiar, etc. 

En el caso del niño, los padres no deben dar muchas explicaciones, solamente deben actuar. Los pequeños no aprenden de la teoría sino de la observación. 

Según la psicóloga Hernández, “en el momento que resuelvan el problema con la abuela y se asuman el acercamiento afectivo y responsabilidad educativa, el niño lo recibe muy bien. Para él es indispensable y saludable que los padres tomen su función. Va a seguir amando a su abuelita, pero en su posición de abuelita. Nadie lo va a separar, nadie le va a dar ideas de odiarla (porque eso sería contraproducente), pero él va a entender perfectamente la función de los padres”. 

“Hay que partir del principio de que las figuras que ponderan en la vida psíquica de los niños son los padres. Si están presentes, asumiendo la crianza, son tranquilos, amorosos, cuidadosos, independientemente de que haya una abuela entrometida; para el hijo, la prioridad de la vida es el padre”, agrega Rocío Barrios. 

Entonces, así la familia esté en medio del caos, papá y mamá deben poner lo mejor de su parte. La incomodidad pasa, pero hay que tener en cuenta que la abuela es un miembro de la familia  y también se debe respetar, y lo importante es asumir la responsabilidad como padre. 

Laura, por su parte, se ha mantenido firme en sus decisiones, lo que le ha generado un conflicto con su mamá, quien también se ha ido acoplando con el tiempo. Juan decidió hablar con su suegra y el tema pasó a un segundo plano, priorizando la relación de pareja y la niña. 

¿Cuándo consultar? 

 - Cuando la abuela no puede dejar a los nietos en ningún momento. 

 - Cuando los niños empiecen a sufrir de enuresis, vayan mal en su aprendizaje, se lastimen, tengan regresiones en su desarrollo o se vuelvan agresivos. 

 - Cuando la relación de pareja comienza a deteriorarse. Cuando esta situación es la causa de la pelea constante entre padre y madre. 

 - Cuando el niño ya no ve a papá y a mamá como sus figuras, y los únicos que representan autoridad u orientación son los abuelos. 

Cuidado con los errores… 

 - Muchos padres querrán distraer a la abuela o encauzarla en otra actividad. Esto puede ser agresivo. Lo ideal es contar con ella para tomar decisiones. 

 - ¿Escolarizar a los hijos? Para la doctora Mendoza es una buena opción, pero la psicóloga Hernández dice que esto no es tan bueno, sobre todo si están muy pequeños. Es relativo y depende de cada situación. 

 - Nunca se debe desprender agresivamente al niño de la abuela. Esto generará sufrimiento y heridas que, después, no serán fáciles de sanar.