Buenos padres, aunque separados

La relación de los papás es fundamental para la estabilidad emocional de los hijos y para que se sientan a gusto y felices con la vida.

Buenos padres, aunque separados
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Por: Catalina Gallo Rojas
diciembre 27 de 2016 , 05:43 p.m.

“Que el papá y la mamá hayan dejado de ser pareja conyugal no significa que no sean capaces de ser pareja parental”. Con esta frase, que la psicóloga Annie de Acevedo pronunció en una entrevista para ABC del Bebé, puede sintetizarse lo que debe ser la relación entre padre y madre después de un divorcio. Esta es tan definitiva para el bienestar de un hijo que es necesario, a la hora de educar, que los padres se unan en un frente común.

Ello significa ponerse de acuerdo con las normas básicas de la vida. Si es posible, conservar horarios en la casa de cada uno de los padres y entender que para el bienestar de sus hijos es fundamental hablar y encontrar puntos comunes. No es fácil, “pero se puede lograr, así los papás se estén odiando”, afirmó De Acevedo.

María Elena López, psicóloga de familia y autora del libro ‘Inteligencia en pareja’, afirma que “la relación de los padres tiene una inmensa incidencia en el sano desarrollo de los hijos y en la posibilidad de que desplieguen a plenitud todas sus capacidades”.

No va más

Según Marcela Valle Cuéllar, psicóloga logoterapeuta y directora del Centro de Atención Familiar Sanar Psicoterapia, los divorcios son cada vez más comunes en el país. La especialista sostiene que, de acuerdo con los casos que se registran en las notarías, cada dos horas se divorcian tres parejas en Colombia, “una cifra muy grande que implica que hay niños y adolescentes que conviven más con uno solo de sus padres”.

Valle afirma que cada uno de los padres debe aceptar su responsabilidad en lo que sucedió a lo largo de la convivencia y dejar de preguntarse por qué se acabó la pareja; en cambio, tiene que preguntarse qué se puede aprender de la situación. Así es posible trascender y sacar a los hijos adelante.

Para lograr una relación que ayude a los hijos después de una separación o de un divorcio, López sostiene que es fundamental no dejar al niño en una situación de abandono que ponga en riesgo su seguridad física y emocional, y evitar la sobreprotección, “pues esta impide construir la autonomía e independencia necesarias para desempeñarse en la vida”, explica. Agrega que “la ausencia, la agresión, la indiferencia o la desatención de uno de los padres afecta a los niños, les produce dolor emocional, intranquilidad y confusión”.

La seguridad de los niños no puede verse afectada y esto es tarea de los padres. Cada uno debe seguir con su responsabilidad. ¿Qué hacer entonces? Los padres deben demostrarles a sus hijos con hechos y palabras que siguen al frente de sus vidas, que el apoyo y la protección que les han brindado no van a desaparecer porque ellos ya no vivan juntos. Como dice López: “se es expareja pero no expapás”.

También es vital que el padre con quien conviven los hijos permita la comunicación con el otro y que cada uno aproveche al máximo el tiempo que pasa con ellos. Padre y madre deben programar los encuentros con sus hijos, definir las temporadas de convivencia y los días que compartirán. Según explica López, cumplir con las fechas y las horas establecidas les da seguridad a los niños, y les permite programar sus propias actividades.

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Es necesario que los padres entiendan que un proceso de separación toma tiempo y que tanto los hijos como la pareja se deben permitir el tiempo necesario para los cambios, sin olvidar que los pequeños aprenden con el ejemplo. Si los adultos manejan la situación con madurez y paciencia, los niños también se adaptarán más fácilmente a la nueva situación y no sentirán que su vida se acaba por cuenta de la no convivencia de sus padres.

Una buena pareja

Para lograr tener una buena relación que favorezca la vida de los hijos, estén o no separados los padres, es muy importante que tanto la mamá como el papá entiendan que deben cultivarse a sí mismos y tener espacios en los que se desarrollen como personas, independientemente de su condición de madre o padre.

Cuando estos conviven, es clave hacer planes sin los hijos con frecuencia, salir a tomar un café para hablar de ellos dos y sus vidas –no de los niños-, tener un grupo de amigos y reunirse con ellos.

En la relación es importante que no discutan frente a los niños, que resuelvan sus diferencias entre ellos y jamás ponerlos a elegir entre uno de los padres frente a ninguna situación.

Las demostraciones de cariño con caricias, regalos, atenciones, con el interés por la vida del otro, siempre creará un ambiente sano para los hijos y les dejará buenas enseñanzas que les facilitarán en un futuro seguir el ejemplo y buscar relaciones amorosas.

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