Con las sensaciones en desorden

¿Qué hacer?

una vez diagnosticado el problema, la terapia apoya a los niños en su desarrollo motriz, aquí algunos ejercicios.

Fotos: Claudia rubio, Locación: terapias en acción.

 

 

 

 

 

 

Los problemas de integración sensorial se manifiestan en varios síntomas que durante muchos años, incluso hoy, varios profesionales pueden calificar como indisciplina, problemas de adaptación, dificultades para concentrarse, pereza, apatía o agresividad, entre otros problemas.

 

Esto se explica porque, por ejemplo, el niño que siente demasiado en su piel no quiere que lo toquen y reacciona fuertemente, porque se puede llegar a sentir agredido con cualquier caricia, se aísla o evita las multitudes, porque le molesta el roce con los demás y jamás se sentirá a gusto en juegos como fútbol o baloncesto.

También se presentan en algunos casos dificultades con la comida, pues las sensaciones en la boca, la lengua al tragar, resultan muy fuertes para el pequeño, así no lo sean para los demás, entonces no le gustan ciertas texturas como un yogur, rechaza determinados alimentos, prefiere la comida tal vez un poco sosa, sin salsas, que no le revuelvan un alimento con otros, y pareciera como si fuera un niño inapetente o necio para la comida o cansón o mimado, cuando en realidad su situación es otra.

O aquel que no puede estarse sentado porque no soporta la textura de la silla o el roce de su piel con su propia ropa, o no puede concentrarse en una tarea porque escucha todos los sonidos como si fueran fuertes, y los adultos o los profesores de los jardines creen que estos niños tienen problemas de atención, son necios o inquietos.

También existen aquellos en quienes el tono de sus músculos es como un caucho, parecen flojos, como sin resistencia, son niños que no empujan, que no jalan, que no les gusta los pasamanos o se les dificulta cargar o arrastrar su propia maleta.

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