¡Qué hago, mi niño tiene fiebre!

La fiebre no es una enfermedad, es un mecanismo de defensa.

¡Qué hago, mi niño tiene fiebre!
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Por: Claudia Cerón Coral
febrero 24 de 2017 , 09:49 a.m.

Para empezar, hay que entender que la fiebre no es una enfermedad, es un mecanismo de defensa del organismo ante cualquier bacteria o virus, que busca erradicarlos.

Sin embargo, ese aumento de la temperatura en tu bebé preocupa, y no es para menos. Por eso, ABC del Bebé, bajo la asesoría del pediatra Álvaro Jácome, te aclara todas las dudas.

¿Es una enfermedad?

No. El pediatra Álvaro Jácome lo explica: la fiebre es una respuesta del organismo que se manifiesta con la liberación de algunas sustancias, ante la presencia de diversos elementos, como anticuerpos, antígenos, superantígenos o restos bacterianos. Esta respuesta es una forma de ampliar los mecanismos inflamatorios que obran como defensa del cuerpo.

¿Es decir, es un síntoma?

Sí, es un buen síntoma porque el cuerpo se está manifestando como respuesta a un factor extraño que ataca al organismo, y permite que se generen ciertos procesos para activar las defensas del niño.

¿Cómo sé si tiene fiebre?

Un niño tiene fiebre cuando su temperatura es mayor de 37,5 °C. Puede presentarla de dos formas: continua o recurrente.

En el primer caso, es cuando la fiebre se mantiene a lo largo de cierto tiempo, que generalmente son tres días. Y recurrente se refiere a cuando aparece y desaparece, de forma intermitente, por ejemplo, cada una o dos semanas.

Dentro de esta sintomatología se pueden presentar incrementos de temperatura que son muy importantes para establecer un diagnóstico claro de lo que puede estar afectando al niño. Por eso, los médicos consultan a los padres y cuidadores preguntándoles si la fiebre se eleva, cada 12 o 24 horas, hasta llegar a los 39 o 40 °C”, a esta situación se le denomina picos febriles.

¿Hay que evitar la fiebre, me han dicho que es mejor que le dé?

Los padres deben permitir que la fiebre se desarrolle y, según recomiendan los médicos, esperar tres días antes de llevarlos al servicio de urgencias, porque la mayoría de las veces los procesos de infección viral, que están asociados a la fiebre, pueden durar ese tiempo para asentarse en el organismo.

La mayoría de veces (9 de 10), la fiebre se debe a procesos relacionados con virus. El cuadro más común en pediatría que se asocia con la fiebre son las infecciones y, dentro de estas, las más habituales son las virales, sobre todo en los primeros 5 años de vida.

¿Y si persiste?

De persistir la fiebre, podría existir la presencia de una infección bacteriana. Las más frecuentes en los niños son las respiratorias; en las niñas, la infección urinaria. Y en general, puede estar asociada con otitis o amigdalitis. En estos casos, lo indicado es consultar al médico de inmediato.

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¿Hay fiebre interna?

No, no existe la fiebre interna. Tampoco la sospecha de fiebre está dada porque el niño tiene la cabeza caliente y las manos frías. Lo único que nos dice en realidad si hay o no fiebre es la toma de esta con termómetro digital o de mercurio. 

¿Cómo se maneja?

Lo primero es tratar de manejar en casa los episodios febriles de la forma convencional, es decir, refrescándolos al liberarlos de ropa; bañándolos con agua tibia, nunca fría, ni en alcohol, pues esto último aumenta la temperatura.

 Ahora bien, si el estado febril se mantiene y su condición no mejora con el manejo que se le ha dado en casa, comuníquese con el pediatra y siga sus indicaciones, en especial si lo medican, teniendo cuidado de las dosis y su periodicidad, esto es clave.

Nunca los automedique, cualquier medicamento puede resultar potencialmente tóxico, dada la variabilidad biológica de cada organismo. Unos niños responden de una forma, y otros de otra, ante el mismo medicamento. Entonces, la medicación debe ser como lo indique el médico y de acuerdo con el peso del niño.

¿Cuándo se debe ir a urgencias?

Lo importante es estar atentos en caso de que se presenten cambios en el estado general del niño, y si la fiebre persiste pasados los tres días, hay que acudir al servicio de urgencias para obtener un diagnóstico preciso de lo que está sucediendo.

¿Cómo se toma la temperatura?

Hay que aclarar que existen diferentes formas de tomar la temperatura, según el lugar del cuerpo en el que se mida. Por ejemplo, si se toma en la boca, hay fiebre a partir de los 38 °C; si es en el recto, 38,5 °C, pero lo recomendable es tomarla siempre en la axila, incluso en los niños más pequeños, con un termómetro de mercurio o digital. Aquellos que se utilizan como bandas en la frente, o en el oído pueden no ser tan confiables

¿Cómo se previene?

Una forma de proteger a tu hijo de enfermedades y, en consecuencia, de la fiebre, es fortalecer desde muy temprana edad el sistema inmune, ya que todo niño recién nacido y hasta los seis meses, más o menos, es inmunodeficiente; es decir, sus defensas aún son débiles. Pero en la medida en que va creciendo y desarrollando su sistema inmune, se fortalece. Para ello, hay que tener un buen estado nutricional y una atención higiénica adecuada.

Los especialistas aconsejan no exagerar los cuidados para proteger al niño de los cambios climáticos, pues en la medida en que se ponen en contacto con la naturaleza, con virus y bacterias, es como se hacen más resistentes. El extremar las medidas higiénicas y los cuidados excesivos no les permite ir creando ese sistema con defensas. Puntualmente, no hay que excederse en abrigo, sino que se expongan a las condiciones normales del ambiente, tomando la debida precaución.

Otras causas                                  

El doctor Carlos Cortázar anota que “si hay recurrencia de la temperatura se puede estar frente a una infección oculta, o ante un niño que puede tener una condición especial de inmunosupresión (bloqueo del sistema inmune), o que está expuesto a un ambiente en donde hay hacinamiento, contaminación o medidas higiénicas inadecuadas”.

Ahora bien, lo aconsejable es descartar los contagios más frecuentes, como los que se presentan cuando el niño ingresa al jardín, que es cuando se dispara el pico más alto de infecciones respiratorias y gastrointestinales en los pequeños. Posteriormente, hay que pensar en la presencia de un factor diferente asociado a otros aspectos, o a una condición especial del niño.

¿Qué otras cosas debes saber?

Entre el 80 y 90 por ciento de los casos de fiebre infantil se debe a infecciones virales que no requieren tratamiento. Pero muchas madres corren a combatir cualquier aumento de temperatura (por leve que sea) pues creen, erróneamente, que si sobrepasa los 37,7 grados centígrados, el niño puede sufrir una convulsión o meningitis.
No hay de qué preocuparse. Una convulsión febril depende más de factores genéticos, y no de cuán alta pueda llegar a ser la temperatura. La falta de oxigenación en el momento del parto es otro factor de riesgo para que el bebé convulsione.
Y en cuanto al desarrollo de meningitis, los expertos aseguran que esta infección, caracterizada por la inflamación de las membranas que recubren el cerebro, puede presentar altas temperaturas como síntoma asociado, pero nunca sucede lo contrario: que la fiebre elevada, por sí sola, cause meningitis; esta es causada por una bacteria.
Los especialistas aseguran que una alteración infecciosa es más peligrosa cuando no se manifiesta con fiebre, pues, la presencia de alta temperatura es señal de que el organismo se defiende.

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