Pa' machos / El chino no se trama con tapitas de gaseosa

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Por: Carlos Fernández - Asesor médico El Tiempo
marzo 27 de 2012 , 11:45 p.m.

No se haga muchas ilusiones. El que sea Navidad y época de regalos no lo faculta a pasarse de listo comprándole a su retoño los juguetes que usted de niño no tuvo o, peor, a insistir tercamente sobre los beneficios que en su formación dejó la disciplina de fabricarse sus propios juguetes.

Usted la tiene perdida si piensa que lo va a tramar con tapitas de gaseosa o con el carrito de piola, la patineta de balineras y el trompo de madera; deje esas ideas para contárselas a su psiquiatra que, seguro, le recomendará que ni de vainas repita eso con su hijo, simplemente porque el diagnóstico es simple: usted no tuvo infancia.

Métase en la cabeza algo que sí le va a servir. Y es que podrán cambiar los estilos de vida, pero los niños nunca dejarán de jugar. En ese sentido, lo que tiene que hacer es adaptarse y aceptar, eso sí con alguito de dignidad, que usted pertenece a otra generación y que en cuestión de juguetes usted solo será el proveedor y, cuando mucho, un silencioso observador.

Tenga claro que el ambiente familiar ha cambiado. Hoy, la mayoría de las madres trabaja y esto hace que los niños tengan un proceso de maduración más acelerado. Las nuevas generaciones tienden a ser más independientes, aprenden más rápido, sin dejar de ser niños.

Deje de lado las canicas y, en primer lugar, procúrele a su nené algo moderno que lo entretenga; si además le estimula la creatividad y lo educa, mucho mejor. No se asuste, las tendencias de hoy ofrecen opciones en video y audiocasetes y electrónica interactiva, música, colores brillantes y nuevos objetos con alto valor pedagógico. Evite, eso sí, la violencia, las imágenes consumistas y los personajes de películas.

Infórmese y no desconozca que el juego y los juguetes son un paso dentro del proceso de aceptación social de su hijo. Así que si lo quiere sorprender con una marioneta de papel machacado, hecha por usted con todo el amor del mundo, lo más seguro es que lo va a avergonzar con sus amiguitos, si es que se atreve a mostrársela. No se deprima, pero terminará en el último rincón (si antes la mascota no se encarga de darle trámite).

¡Ah! Antes de desearle feliz Navidad, no atiborre a sus críos con juguetes ostentosos y costosos que ellos no conozcan, si no quiere verlos jugar con la caja. Concilie, no ceda a todos los caprichos y antes de actuar infórmese para no pasar como una carroza desactualizada.

Por último, deshágase ya de la espada de Sandokán que heredó de su abuelo y reacondicione el disfraz de Kalimán, pero para lavar el carro con él.

Por Carlos Francisco Fernández
Asesor Médicos de la Casa Editorial El Tiempo.