Pa' machos / Un duelo necesario

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Por: Abcdelbebe.com
julio 13 de 2011 , 12:10 p.m.

Por Carlos Francisco Fernández /

Asesor médico de EL TIEMPO


Permítame, querido amigo, tocar un tema que hasta ahora es algo así como un tabú; me refiero a la muerte de los bebés en el momento del parto; muerte perinatal, llamamos los médicos técnicamente a esta situación a la que se le ha negado la importancia que merece.

Empiezo por decir que muchas veces se piensa que por no haberse conocido al hijo, el dolor es menor y la recuperación de su innegable impacto es mucho más rápida. Es más, algunos llegan a pensar que no deja secuelas o que en caso de afectar a los padres esto es algo imperceptible y de corta duración. 


Déjeme contarle que el desajuste natural por el que atraviesan los papás debido a una muerte en estas condiciones se conoce en algunos países como ‘duelo desautorizado’, tanto que muchas veces no puede ser públicamente reconocido ni públicamente expresado, porque en forma equívoca se asume que al no haber nacimiento ni bautizo, ni entierro, ni recuerdos, ni nada que pueda avalar la existencia del hijo, simplemente no hay sujeto por quien sufrir. Error.


Si bien los hombres a veces guardan silencio, más por desconocimiento que por falta de reacción frente a la muerte de un hijo durante el nacimiento, es justo que dejen correr su sentir y que a la vez se conviertan en soporte de las madres, que son las más afectadas con estos desenlaces, casi siempre inesperados.


Para eso, señor, tiene que empezar por entender que el niño es su hijo desde el mismo momento de la concepción y que esto se consolida en la imaginación y en las expectativas de los padres. En tal sentido, las socorridas frases como “no se preocupe, trate de olvidar, usted es joven y ya vendrán otros hijos”, aparte de llevar implícito un desinterés por parte de quien las pronuncia, solo logran incrementar el dolor y retrasar el duelo.


Haga lo posible por que les presenten el cuerpo; ayúdele a su señora a que esté con él, así sea por unos momentos para que fijen un recuerdo real de su hijo; cárguenlo y despídanse de él con serenidad; si es posible, asesórense de un psicólogo en el mismo hospital. No se eximan de llorar, si sienten necesidad de hacerlo, y por encima de todo exterioricen su apoyo mutuo. En esos momentos, solo ustedes entienden lo que les sucede.


Si pueden, permitan que la familia y los amigos cercanos los acompañen. No esperen ningún comentario y, en lo posible, olvídense en esos momentos de las explicaciones médicas y vivan su momento con intimidad. Eso es empezar a elaborar un verdadero duelo.

Como ve, querido amigo, los papás tienen un papel protagónico en este proceso. No se haga el duro, no vale la pena transmitir falsas fortalezas; créame que si se propone entender a su señora y acompañarla en ese momento, seguro que el que empieza a entenderse es usted mismo. De ese modo, sobrellevar el momento les será más fácil y los sentimientos de culpa nunca aparecerán.