Cuando hay un niño zurdo en casa

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Por: Karen Johana Sánchez
junio 24 de 2015 , 04:31 p.m.

Muchos factores, como la genética y el ambiente en el que se desarrolla el pequeño, intervienen para que sea zurdo, diestro o maneje ambas manos.

Al respecto, los expertos indican que cuando el bebé nace, su sistema nervioso central está presto a recibir mucha información que se fortalece durante los primeros años de vida, lo que le permite madurar y adquirir algunas habilidades en ciertas edades. Una de ellas es la lateralidad cerebral, la que define si es zurdo o diestro, y que se da gracias a un proceso de experiencias sociales y motoras, que el pequeño ha vivido previamente, y que permite que un hemisferio del cerebro se enfoque en ciertas destrezas.

“Como las vías del sistema nervioso actúan de manera cruzada, las personas zurdas nos muestran que el hemisferio que tiene mayor especialización, en su caso, es el derecho. En las diestras, es el izquierdo”, explica la terapeuta ocupacional Jenny Marcela Rodríguez, docente de las universidades Nacional de Colombia y Manuela Beltrán.

Sin confusiones

Desde que el niño nace, usa ambas manos para agarrar el tetero, o para coger sus pies. Hacia los 2 o 3 años, las sigue utilizando, pero ya con un propósito. Su preferencia manual se observa a hacia los 3 y 5 años; es decir, tiende a usar una mano más que la otra para ciertas acciones. Pero hacia los 7 años se define si es zurdo o diestro.

Sin embargo, en los primeros años, los niños parecen ambidiestros. Lo que tienen que hacer los padres es dejar que el proceso vaya fluyendo. Si el niño se siente más cómodo usando la mano derecha para hacer alguna actividad, se le debe permitir. No hay que obligarlo ni castigarlo, enfatiza María Rocío, “pues es una contradicción del cerebro y es él quien está definiendo su lateralidad”.

Lo más importante, para la terapeuta Rodríguez, es que los padres entiendan que su hijo, desde que nace, está preparado para jugar y reconocer, ante todo, que tiene dos lados del cuerpo.

Si ven alguna preferencia del niño por un lado, hay que validársela y permitir que se vaya dando el proceso naturalmente.

También hay que generar un ambiente rico en experiencia que fortalezcan su decisión cerebral. Por eso, es importante que se fomenten actividades que invitan a que el niño integre las manos, los pies; es decir, ayudan a que se mejore la comunicación entre los dos hemisferios. Las experiencias bilaterales como jugar con la pelota, con elementos de cocina o pintar con ambas manos enriquecen la experiencia.

“El gateo y el parque al aire libre son elementales. Correr, trepar, hacer manejo de sus dos lados del cuerpo hará que el niño madure todo su sistema nervioso de una manera homogénea”, recomienda la neuropsicóloga.

La genética marca

Ahora, muchas de las situaciones que nos componen como ser humano tienen una carga génetica importante, en mayor o menor medida, además de la parte cultural o social.

Para Jenny Rodríguez, lo que se espera habitualmente es que los padres zurdos tengan un niño que tienda a usar de manera predominante su mano izquierda. Pese a ello, suelen existir situaciones del ambiente que modifican lo que cerebralmente estaba codificado. Es decir, “si los padres o el colegio del niño zurdo generan situaciones donde él use cuadernos, pupitre o tijeras para diestros, su cerebro cambia los códigos como venían establecidos. Y en casos como este, no se adecuó el ambiente para que la carga genética tuviera ese espacio de desarrollo que necesitaba”, asegura Rodríguez.

Rocío Acosta opina que, aunque ser zurdo o diestro se puede heredar, también puede ser producto de la naturaleza.

Por otra parte, si el niño maneja ambas manos y es menor de 4 o 5 años, no existe ninguna alteración. Pero si pasa de esa edad y se nota que aún no domina alguna lateralidad y juega arbitrariamente con las dos manos, hay que evaluar la situación con el pediatra y el terapeuta.

Niños ambidiestros

Según Jenny Marcela Rodríguez, terapeuta ocupacional y docente de las universidades Nacional de Colombia y Manuela Beltrán, sí puede haber niños ambidiestros, pero siempre y cuando tengan un proceso de estimulación adecuado. Si el hecho de manejar ambas manos no entorpece su desarrollo, puede ser funcional y efectivo.

Para María Rocío Acosta, psicóloga magíster en neurosicología, el cerebro tiene que decidir su lateralidad porque, si no lo hace, el niño va a tener problemas del aprendizaje, de lectura, escritura y dificultades matemáticas. Sin embargo, “el entorno hace que nosotros podamos perfeccionar alguna función y, por eso, lo ideal es que, cuando ya se tenga definida la lateralidad, se empiece a entrenar el otro lado para que el cerebro no entre en conflicto”,puntualiza.