Consejos para ayudar al niño a estar tranquilo con su propia sombra

Algunos niños que manifiestan haber descubierto su sombra se asustan.

Foto:

 -

Por: Abcdelbebe.com
abril 29 de 2013 , 10:29 a.m.

En su labor diaria de descubrir, algunos niños detectan la sombra, esa mancha oscura que proyectan los cuerpos, pero que se puede convertir para los más pequeños en algo extraño y sin rostro, de la que no se pueden deshacer y que los sigue a todas partes.

Cuando la reacción es de miedo, lo que pase en adelante depende, en gran medida, del papel de los padres. El descubrimiento de la sombra hace parte del proceso de identidad del niño con su cuerpo. Cuando es un bebé, juega con sus manos y pies. Cuando empieza a caminar, aprende a ubicarse en un espacio, a coordinar y a interactuar.

Según la psicóloga clínica con especialidad en niños y adolescentes Beatriz Parra, se trata de un hallazgo enriquecedor para saber frente a qué está su cuerpo y todas las cosas que puede hacer con él.

El psicólogo experto en infancia Milton Eduardo Bermúdez explica que antes de los 18 meses, dependiendo de cada niño, ocurre el proceso de reconocimiento frente al espejo. Los expertos hacen pruebas de pintar la nariz del infante  y ponerlo frente a un espejo. Al principio este toca la imagen que tiene en frente, como si fuera la de otro niño.

“Con la construcción de la autoconciencia, el niño sabe que quien se está reflejando en el espejo es él. Eso tiene que ver con que desarrolla una imagen corporal que coincide con el nombramiento de las partes de su cuerpo. La sombra complementa este proceso y también es su reflejo, pero ya no en el espejo sino en diferentes superficies como el pasto o la pared”, cuenta el especialista.

Bermúdez dice que generalmente los niños que descubren la sombra son muy atentos a los detalles y a los estímulos externos, y que en principio es un objeto de temor porque es nuevo y él no entiende por qué la sombra lo sigue.

“El descubrimiento del cuerpo, con todas estas etapas, hace que el niño entienda que él tiene el control de su cuerpo. Por eso puede ser un buen momento e indicador para dar otros pasos como el control de esfínteres”, agrega.

“Cuando el niño está más pequeño y percibe la sombra, incluso a plena luz del día, puede indicar que tiene unas buenas capacidades, pero como no tiene la habilidad verbal para manifestarlo, lo más común es que el adulto no se entere y piense simplemente que el niño no quiere ir más al parque o que se pone irritable inexplicablemente”, asegura Parra.

La psicóloga clínica cree que en dicho descubrimiento son importantes dos cosas: un cuidador capaz o no de detectar la situación y un niño con una capacidad para interesarse, en mayor o menor medida, por un fenómeno así.

En consecuencia, existen varias opciones: que los padres le intenten explicar lo que ocurre, jueguen y le muestren que la sombra es algo natural e inofensivo que todos tenemos; que la situación sea comprendida por el propio niño cuando esté más grande, sin que eso vaya a generar mayores consecuencias, o que se dé un manejo inadecuado al tema por parte del cuidador asociándolo con el miedo.

 “Puede que el niño empiece a asociar las sombras con las películas o imágenes de fantasmas o de zombis. Lo más peligroso es que los papás o cuidadores le inventen historias como que la sombra es el ‘coco’ y que está ahí porque él no se quiso tomar la sopa”, advierte la experta.

Lo que imaginan los niños

La psicóloga María Elena López afirma que la primera vez que los niños tienen la experiencia de descubrir una sombra imaginan las siguientes situaciones:

• La asocian a algo que no conocen o que puede resultar amenazante.

• Creen que si hay una sombra sobrepuesta a la otra esta sigue estando ahí a pesar de que no la vean.

• Creen que las sombras son como un objeto, no que dependen de la luz. Si ven una sombra y se van, regresan para saber si aún está ahí.

• Cuando esta se desplaza creen que la sombra es capaz de atravesar puertas.

• Dan vuelta para ver si la sombra se quita.

Para entenderla   

• Jugar con las manos en una habitación. El papá o la mamá pueden mostrarle que ellos también tienen sombra y que una es grande y la otra pequeña.

• Hacer figuras de animalitos con las manos en la pared, por ejemplo, una mariposa, una paloma.  

• Hacer movimientos como girar y mostrarle que no hay sombra y que al darse la vuelta sí está.

• Insistirle en que se trata de un fenómeno natural que le pasa a todas las personas y cosas, enfatizándole en que no son peligrosas.