Vestir a los niños como adultos ¿bueno o malo?

Los padres deben tener cuidado con transmitirles a sus hijos que su apariencia es más importante que quienes son realmente, advierten los especialistas.

Vestir a los niños como adultos ¿bueno o malo?
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Por: Lizeth Salamanca Galvis
febrero 28 de 2017 , 04:14 p.m.

Que tus pequeños jueguen a ser adultos, y que, incluso, quieran usar tus tacones, tu labial, tus gafas de sol o tus corbatas, suele ser parte de una etapa en la que se divierten imitando roles.

Sin embargo, existen casos en los que este hecho trasciende al juego y se convierte en una necesidad para los niños y le empiezan a dar demasiada importancia a su apariencia física, ya sea porque, según los expertos, se ven influenciados por la publicidad o porque sus padres los visten como adultos y les permiten ciertas rutinas de belleza que van desde la compra de maquillaje infantil y los cortes de pelo como los de estrellas del fútbol, hasta el pago por manicures semanales y visitas a spas infantiles.

Es importante, entonces, que los padres entiendan cuándo se pasa el límite.

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Lo primero que hay que saber entonces es que la presentación personal, entendida como la forma en que una persona se muestra en su vestimenta, aseo y cuidado, es fundamental y se considera un reflejo del respeto que cada quien siente por sí mismo. La vanidad, en cambio, es la confianza excesiva en la atracción y la imagen proyectada hacia los demás.

Cada concepto debe inculcarse desde la primera infancia en su justa medida ya que, cuando los niños sobrepasan el límite del autocuidado, y se enfocan en el éxito y la belleza, el tema puede llegar a convertirse en una obsesión. 

De acuerdo con Miguel de Zubiría Samper, psicólogo y director de la Fundación Alberto Merani, es precisamente en los primeros años de vida, “entre los dos y cinco años, que los niños empiezan a imitar conductas que ven en los adultos, y así, poco a poco, se forman una imagen de cómo cuidarse y mostrarse en su entorno”, señala el experto. Luego, a los 5 años, los niños comienzan a emular conductas sociales de forma consciente y si son estimulados frecuentemente con respecto a su vanidad, terminarán profundizando en ese aspecto en años posteriores.

Eso fue lo que le ocurrió a Stephany Correa quien, desde que su hijo Mateo cumplió dos años, lo empezó a vestir con prendas de reconocidas marcas de modo que el niño prácticamente parecía un modelo de revista. No obstante,  cuando el pequeño cumplió nueve años y ella y su pareja enfrentaron una crisis financiera, tuvo que empezar a comprarle prendas más económicas. El problema entonces se hizo evidente: Mateo se sentía mal y no quería salir a la calle por miedo a no ser aceptado; toda la construcción de su identidad la había volcado sobre su forma de vestir.Conoce cómo lograr que tus hijos no se se sientan mal por su físico debido a presión de publicidad y redes sociales.

Niños que parecen adultos

En este punto, dice Zubiría Samper, hay que tener especial cuidado con evitar conductas dañinas por parte de los padres, cuidadores o personas mayores cercanas a los niños, como  comparar su belleza con la de otros o recalcar demasiado en ese aspecto o en algo tan sencillo como vestirlo con prendas que lo hacen ver más como un adulto y no como un niño.

Esto último es lo que algunos psicólogos infantiles han llamado “la adultización del textil’, un fenómeno del mercado que elabora prendas para niños cada vez más llamativas y con más accesorios, lo que en algunos casos, empujan a los niños a una “sexualización precoz” tal y como lo advierte la organización británica The Children’s Society.

De ahí que la forma de vestir de los niños, opina la psicóloga infantil Maribel Corcuera, ha tenido un gran cambio respecto de lo que se usaba hace 15 o 20 años. “La ropa ha dejado de ser de niño, ha dejado de ser tierna, y ahora, los padres los visten como grandes. Incluso, me ha tocado ver en un jardín infantil a niñitas con tacones”, afirma Corcuera.

Para la experta, estos podrían ser atuendos aceptables solo para ocasiones especiales. No obstante, advierte que hay que tener cuidado con el mensaje que se les transmite a los niños. "Si se les viste así todos los días prácticamente se le están adelantando las etapas de crecimiento y de desarrollo de su personalidad y en suma, se les está resaltando que la imagen física, basada en prendas de vestir, accesorios y ‘looks’ es más importante que lo que se es en el interior", añade Corcuera.

De otro lado, hay especialistas que advierten que con la llegada de estas tendencias, se está restringiendo la libertad de los niños para  ser lo que son: niños.

“Muchos padres no les permiten jugar, correr, sentarse en el piso, ni ensuciarse porque temen que esa ropa, que les costó tanto dinero, se dañe” - señala el Alfonso Cox, psicólogo infantil – “En primer lugar, la ropa tiene que ser cómoda y de acuerdo con la edad de los niños y sus gustos. No puede pasar que ellos tengan que cuidarla como lo haría un adulto y menos que sea para cumplir con las expectativas de los papás, porque es a ellos a quienes les gusta cómo se ven sus hijos”.

Finalmente, lo que esto puede conllevar es la creencia excesiva del niño o niña ser atractivo o atractiva físicamente, tener éxito o brillar socialmente lo que al largo plazo, podría desencadenar patologías como anorexia, bulimia, obsesión con las cirugías estéticas advierten los especialistas.

Por esta razón los padres, antes que fomentar la vanidad excesiva, deben inculcarles a sus hijos el respeto y el amor por sí mismos con todos sus defectos y cualidades.