Papá en la sala del parto ¿sí o no?

Esto es lo que debes saber sobre la presencia del padre en el momento de dar a luz. 

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Muchas mujeres se preguntan si la presencia de su pareja al dar a luz genera beneficios para ella, o más bien, puede resultar contraproducente.

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Por: Lizeth Salamanca Galvis
julio 19 de 2019 , 03:01 p.m.

Cuando hablamos del día del parto, generalmente, nos concentramos en la mamá: cómo debe estar preparada para ese gran día, qué debe llevar a la clínica, cómo consentirla y hacer que se sienta bien, etc. y casi siempre nos olvidamos de otro importante protagonista: el papá.

¿Debe estar o no presente en la sala de parto? La pregunta genera mucha inquietud en las nuevas madres a lo largo de todo el embarazo y se intensifica hasta el noveno mes, incluso hasta el mismo día del nacimiento.

Sin embargo, la respuesta es muy simple: puede estar presente solo si ambos padres lo desean, se sienten cómodos y seguros, y lo han dialogado previamente. En otras palabras, la decisión debe ser concertada entre la pareja, aunque se privilegia la posición de la madre pues, finalmente, es ella quien será intervenida.

Así que si están esperando un bebé y no han hablado del tema, este es el momento de hacerlo. Bajo la asesoría de expertos creamos una ‘guía’ para ayudarles a encontrar la mejor alternativa.

Privilegiar el deseo de la madre, la primera condición

El hecho de que la madre hoy pueda estar acompañada durante el alumbramiento tiene mucho que ver con la humanización del parto, una corriente que, entre otras cosas, propende por el respeto de sus valores, creencias y sentimientos de la paciente lo que incluye su elección sobre la persona que la acompañará en el proceso.

La mayoría desea que esa persona sea el padre de su hijo. Si me preguntan si es la persona más indicada, yo diría que sí, siempre y cuando haya un vínculo afectivo adecuado con la mamá y ella lo deseé. Ahora bien, hay mujeres que prefieren que sea la madre de ellas u a otra personas quien las acompañe y eso es absolutamente válido.”, afirma el médico ginecoobstetra y miembro de la unidad materno fetal de la Fundación Santa Fe de Bogotá, Pablo Andrés Victoria Gómez.

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El momento del parto es quizá uno de los más determinantes en la vida de una mujer, por ello, es importante que ella decida quién debe acompañarla y apoyarla durante este proceso.

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Aunque Paloma Carvajalino, psicóloga clínica y fundadora del Centro PSYNAD que brinda atención psicológica integral en el entorno familiar, escolar y social, también coincide en que lo ideal es que el acompañante sea el padre, quien no debería perderse ese momento tan único que es la llegada de su bebé, advierte a su vez que la idoneidad de la persona al final está dada por su estabilidad emocional: “Debe ser alguien que sea un apoyo para la mamá, que ella considere como una fortaleza o un respaldo y que tenga la capacidad de soportar los procesos clínicos que se van a llevar a cabo”, sostiene Carvajalino.

Por eso, cualquiera que sea el caso, lo importante es que, al hacer la elección, la madre esté completamente convencida de que se va a sentir amada, tranquila, segura y cómoda con su acompañante.

El deseo debe ser mutuo

Si el elegido es el padre del bebé no hay que olvidar que se debe contar también con su aprobación: puede que la madre desee tenerlo a su lado en el momento del parto pero que él no se sienta capaz de soportar la situación ya sea porque es una persona muy nerviosa, porque se altera fácilmente, porque es muy impaciente o simplemente, porque no tolera ver cosas tan normales en este tipo de procedimientos como las agujas o la sangre. Incluso, hay quienes no soportan ver a su pareja sufriendo y no poder hacer nada al respecto, lo que les produce estrés y frustración.

En este caso, el padre debe ser muy consciente de su estabilidad emocional para decidir, en compañía de la madre, si entra o no a la sala de partos. Para algunos hombres llega a ser más satisfactorio esperar afuera y recibir a su bebé con calma.

Anticipación, la clave

Por todo lo anterior, es esencial que la pareja hable con antelación acerca de los sentimientos que les produce el parto. Al respecto, Sofía Ruales, psicóloga de pareja les recomienda a las madres dialogar con sus compañeros sobre lo que esperan y lo que no esperan de ellos en ese momento, sobre cómo les gustaría que él las apoyara y cuál sería el papel que ellas quisieran que él desempeñara para sobrellevar el alumbramiento.

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El padre del pequeño, debe tener la suficiente estabilidad emocional para apoyar a su pareja durante el parto.

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Aquí, es indispensable, anticipar al padre sobre lo que va a pasar en cada etapa del parto para que él no se lleve sorpresas. Para ello, pueden contar con la asesoría previa del ginecoobstetra que esté acompañando el embarazo. “Así, si una mujer sabe cómo se siente él con respecto a estas situaciones, podrá hacerse una mejor idea de lo que puede esperar de tu compañero cuando llegue el momento”, afirma Ruales.

A su vez, el padre debe conocer de antemano cuál es el rol que puede desempeñar sin interferir con las labores de los médicos y enfermeras. Esta función, básicamente debe ser de contención y acompañamiento pues, como lo aclara la doctora Carvajalino, tan solo debe procurar reconfortar a la madre “haciéndole sentir que está ahí con con-tacto físico, con cálidez, contándole lo que está pasando en ese momento si la mamá no está viendo, recordándole que ella y el niño están bien y cuentan con su presencia. Usualmente, uno como pareja sabe qué tranquiliza al otro y esas son las herramientas que debemos usar en esos momentos”, añade la psicóloga.

No obstante, todo lo que se planeó puede cambiar al momento de ejecutarlo. Por ejemplo, al principio puede parecer una buena idea que el padre le haga masajes a su pareja y sin embargo, durante el parto, esto le puede resultar molesto a ella o puede que las frases de apoyo al final sean tomadas por la madre como una presión adicional. Por lo tanto, es importante que el padre sepa con anticipación que la reacción de la madre ante sus muestras de afecto o respaldo pueden variar durante el parto y que no debe tomarse cualquier tipo de “rechazo” como algo personal.

A su vez, el médico ginecoobstetra Pablo Victoria señala que, una vez nace el bebé, lo que se busca es que el papá vaya con el pediatra o el neonatólogo y esté al tanto del manejo clínico que se le va a dar al recién nacido.

Cuando no es recomendable
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El parto es un momento que une a las parejas, pero si no se cumplen ciertas condiciones como la comodidad de la madre o la tranquilidad del padre, puede convertirse en una situación de estrés.

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En condiciones normales, los servicios médicos permiten un acompañante durante el parto. Sin embargo, esta opción puede ser rechazada a criterio del especialista cuando exista alguna posibilidad de complicación o alguna condición que pueda generar dificultades durante proceso. “En estos casos, se prefiere que no haya acompañantes en la sala ya que una complicación dada como es el caso de una hemorragia, por ejemplo, podría ser una situación estresante o alarmante para el familiar de la paciente, quien no está familiarizada con este tipo de circunstancias y puede representar un obstáculo para el equipo médico”, advierte el ginecoobstetra Pablo Victoria.

Ventajas y desventajas

Si todo lo reseñado aquí se cumple, las ventajas que recibe la pareja son enormes: no solo la madre tendrá un parto más tranquilo, llevadero y amoroso sino que ambos vivirán el momento más íntimo, esperado y único de su rol como padres, un momento que, como dice la doctora Paloma Carvajalino “quedará en la memoria de ambos y estrechará sus vínculos afectivos”. En resumen, el parto es un momento de tensión y felicidad extremas. Por lo tanto, pasar esta etapa juntos une a la pareja y es un gran paso en la formación de la familia. Por otro lado, el padre, podrá tomar posesión de su rol desde el primer momento en que el bebé sale del útero, lo que lo empodera y le permite fortalecer su paternidad.

En cambio, si no se han tomado estas consideraciones, puede ocurrir que la presencia del padre en la sala de parto complique las cosas, genere mayor estrés y angustia en la madre y genere conflictos innecesarios para ambos.