¿Qué hacer si tu hijo convulsiona?

La epilepsia es uno de los trastornos neurológicos más comunes en todas las edades.

EPILEPSIA NIÑOS

Las convulsiones pueden ir desde episodios muy breves de contracciones musculares hasta convulsiones prolongadas y graves.

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Por: ABCdelbebe.com
marzo 26 de 2019 , 12:30 p.m.

¿Sabrías cómo actuar si tu pequeño hijo o alguien de tu familia empieza a convulsionar de un momento a otro?

Aunque pocas personas creerían posible que pueden sufrir un ataque de epilepsia lo cierto es que se trata de un trastorno neurológico bastante común que afecta a personas de todas las edades. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), unos 50 millones de personas padecen epilepsia en todo el mundo y aproximadamente, se diagnostican unos 2,4 millones de casos de epilepsia nuevos cada año.

Por eso, es importante saber cómo se manifiesta esta enfermedad, cuáles son sus causas y cómo identificar sus síntomas para poder actuar correctamente y a tiempo.
De acuerdo con la doctora Rocío Sánchez-Carpintero, especialista en neuropediatría, la epilepsia es una enfermedad crónica del sistema nervioso que se produce por la descarga eléctrica anormal de células de una zona del cerebro o de toda la corteza cerebral y se define por dos o más convulsiones no provocadas.

Estas convulsiones, señala la OMS, son episodios breves de movimientos involuntarios que pueden afectar a una parte del cuerpo (convulsiones parciales) o a su totalidad (convulsiones generalizadas) y a veces se acompañan de pérdida de la consciencia y del control de los esfínteres. Las convulsiones pueden ir desde episodios muy breves de contracciones musculares hasta convulsiones prolongadas y graves. Su frecuencia también puede variar desde menos de una al año hasta varias al día.

¿Qué hacer si presencia una crisis?

Daniel Fernández, gerente de Sistema Nervioso Central para GSK Colombia, aconseja a padres y cuidadores los siguientes pasos para afrontar adecuadamente una crisis de convulsiones o epilpsia tanto en niños como en adultos:

  • Mantener la serenidad y dominio de la situación.
  • Proteger el cuerpo del niño o del adulto evitando que se lesione.
  • Aflojar la vestimenta que se encuentre alrededor del cuello (botones, pañoletas, corbatas, etc.)
  • Mover a la persona únicamente en caso de que se encuentre en una situación de peligro y ubicarla con mucho cuidado sobre el suelo. Por ejemplo, si está cerca de una ventana, de unas escaleras, en una silla o en postura de riesgo, etc.
  • Cuando el niño o adulto esté tumbado en el suelo ubicarlo de medio lado para hacer fluir la respiración.
  • Medir el tiempo de duración la crisis y observar el episodio detalladamente (recordar signos y comportamiento del paciente para transmitir todo al médico).

Recuerda: El episodio epiléptico tiene su ciclo de vida y termina por sí solo, por esta razón es importante tener en cuenta que la crisis no se va a detener porque el cuidador intente contener los movimientos; además, nunca se deben introducir objetos en la boca, dar respiración boca a boca, ni suministrar alimentos, bebidas o medicamentos al paciente mientras la crisis se esté desarrollando.

Causas

La epilepsia no es contagiosa. El tipo más frecuente de epilepsia es la epilepsia idiopática, es decir, la que no tiene una causa identificable. En cambio, existe otro tipo de epilepsia que se denomina epilepsia secundaria o sintomática cuyas causas pueden ser:

  1. Daño cerebral por lesiones prenatales o perinatales (por ejemplo, asfixia o traumatismos durante el parto, bajo peso al nacer).
  2. Malformaciones congénitas o alteraciones genéticas con malformaciones cerebrales asociadas.
  3. Traumatismos craneoencefálicos graves por golpes y caídas.
  4. Accidentes cerebrovasculares que han limitado la llegada del oxígeno al cerebro.
  5. Algunos síndromes genéticos.
Síntomas y signos

Los síntomas de la crisis son temporales. Entre ellos se encuentran:

  1. La pérdida del conocimiento, conciencia y esfínteres.
  2. Caída repentina al piso.
  3. Rigidez generalizada.
  4. Alteraciones de movimiento de los sentidos (incluyendo visión, audición y gusto).
  5. Amoratamiento del rostro
  6. Mordedura de lengua.
  7. Cambios de estado de ánimo u otras funciones cognitivas.

Por ello, las personas con convulsiones tienden a padecer más problemas físicos (tales como fracturas y hematomas derivados de traumatismos relacionados con las convulsiones) y mayores tasas de trastornos psicosociales, entre ellos ansiedad y depresión. Del mismo modo, el riesgo de muerte prematura en las personas epilépticas en hasta tres veces mayor que en la población general.

¿Cómo es diagnosticada la epilepsia?
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Cualquier niño que sufra un ataque de convulsiones debe recibir atención médica de urgencia de inmediato y luego debe hacérsele un seguimiento con su pediatra.

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Según la Academia Americana de Pediatría, cualquier niño que sufra un ataque de convulsiones debe recibir atención médica de urgencia de inmediato y luego debe hacérsele un seguimiento con su pediatra lo más pronto posible. Si las convulsiones se vuelvan a presentar, los niños deben ser remitidos con un neurólogo pediátrico, que sea especialista en tratamiento de convulsiones y epilepsia.
A pesar de que el proceso del diagnóstico de cada niño varía, generalmente, los principales pasos conllevan:

  1. Un historial médico detallado: Puede incluir preguntas relacionadas con el embarazo y el parto de la madre, o sobre parientes con epilepsia, y si el niño ha tenido una fiebre alta o una lesión grave en la cabeza o períodos con la mirada perdida, periodos de desatención o de contener la respiración.
  2. Descripción detallada de la crisis convulsiva: La persona o personas que estuvieron presentes en el momento en que el niño sufrió el ataque deben trasmitir la mayor cantidad de detalles posibles al médico.
  3. Examen físico: Evaluación de su estado cardíaco, neurológico y mental.
  4. Examen de sangre: Se realiza para identificar causas potenciales u otras enfermedades importantes.
  5. La tomografía axial computarizada (TAC) o un escaneo TC: Puede utilizarse para determinar si un ataque fue causado por una lesión neurológica aguda o una enfermedad.
  6. Electroencefalograma (EEG): Puede ser utilizado para evaluar el riesgo de recurrencia de convulsiones y puede ayudar a determinar el tipo de convulsión y el síndrome epiléptico.
  7. Imagen por resonancia magnética (IRM): La imagen de preferencia del cerebro para evaluar a los niños con un nuevo inicio de convulsiones o convulsiones que puedan haber comenzado en una parte específica del cerebro.

Después del examen, las evaluaciones y un período de observación, un médico determina si el niño tiene o no epilepsia.

Si un niño es diagnosticado con epilepsia

Después de hacerse un diagnóstico de epilepsia, es importante para que los padres colaboren con el médico para determinar qué tipos de ataque o ataques está teniendo el niño y discutir las opciones para el tratamiento. Debido a que los ataques usualmente no suceden en el consultorio del doctor, los padres y los encargados del cuidado del niño deben observar y registrar cualquier comportamiento inusual para informarle al médico de su hijo.
Los médicos determinarán si los síntomas y las características (edad, frecuencia del ataque, antecedentes familiares, etc.) de un niño corresponden a cierto tipo de síndrome o de patrón de la epilepsia.

¿Cómo se trata la epilepsia?

El tratamiento para la epilepsia comienza generalmente con medicamentos. Sin embargo, es importante tener presente que la epilepsia es una enfermedad compleja y cada niño es diferente. Por lo tanto,, no todos los niños responden al tratamiento de la misma manera, así que no existe un único "tratamiento efectivo".
De todas maneras, la OMS señala que después de 2 a 5 años de tratamiento eficaz y una vez desaparecidas las convulsiones, los medicamentos se pueden retirar a un 70% de los niños y un 60% de los adultos, sin riesgo de ulterior recaída.